Friedrich List y la economía política del Estado nación. Por David Levi-Faur

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Litografía de Friedrich List por Joseph Kriehuber (1845)

(Traducción de Gonzalo Soaje, gonzalosoaje@ignaciocarreraediciones.cl)

Nota del editor: Este trabajo sintetiza las principales tesis del economista alemán Friedrich List y en especial las ideas de su obra Das nationale System der politischen Ökonomie (El sistema nacional de la economía política, 1841). Algunas consideraciones de David Levi-Faur sobre el nacionalismo “ilustrado”, la naturaleza “imaginaria” de la identidad comunal, el libre comercio y la globalización son interpretaciones propias y no necesariamente la única conclusión que se puede desprender de las ideas de List –ni la que nosotros desprenderíamos –, lo que de todas formas no quita relevancia a su detenido análisis sobre la economía política del pensador alemán. Como tal, hemos decidido traducir este texto y que sea el primero de una serie de trabajos en este blog sobre la doctrina económica nacional, el proteccionismo, la autarquía y modelos de desarrollo económico centrados en el Estado nación. – G.S.

Et la patrie et l’humanite.

(Friedrich List)

En una era de cambios globales, el destino del Estado nación es de importancia crucial para todo estudioso de la economía política. Esto es de hecho reflejado en la amplia atención y el extenso debate sobre la nación Estado y el proceso de globalización. Desafortunadamente, el punto de vista de la economía política del nacionalismo permanece en gran parte inexplorado en esta discusión. (1) Rara vez se reconoce que el nacionalismo es una fuente de legitimidad y orientación para la gestión de la economía del Estado nación. No ha cambiado mucho desde que el economista británico, Joan Robinson, argumentó que “en medio de toda la confusión, hay una masa sólida e inmutable de ideología que damos tanto por sentado que rara vez se nota, es decir, el nacionalismo. La misma naturaleza de la economía tiene sus raíces en el nacionalismo” (Robinson, 1962: 124). Más allá de la importancia de la afirmación de Robinson, ninguna teoría “positiva” del nacionalismo económico ha surgido desde entonces. Nuestros estudiantes pueden saber mucho sobre el liberalismo económico y el socialismo económico, pero por lo general saber muy poco, si algo, sobre el nacionalismo económico (2). Por supuesto, no es culpa de los estudiantes; se ha escrito muy poco sobre el tema de la economía política del nacionalismo y, en este sentido, los profesores se enfrentan a un problema similar al de sus alumnos.

Para una economía política más fértil y productiva, la interacción entre economía y nacionalismo debería explorarse. De hecho, es un problema sumamente urgente. En una era de “interdependencia en cascada” (léase globalización), el descuido del nacionalismo – su interacción con la economía y sus efectos en la formulación de políticas – perjudica nuestra capacidad para comprender la importancia de la noción de Estado nación y analizar los actuales cambios en sus funciones económicas. Las principales afirmaciones de este artículo son que para discutir el destino del Estado nación debemos ser capaces de aclarar sus funciones económicas y que esto se puede hacer mediante la discusión de la economía política de Friedrich List. Esto, a su vez, puede llevarnos a la conclusión de que afirmaciones actuales sobre la llamada ‘autonomía decreciente del Estado’, así como el ‘imperativo de la globalización’ Han sido sobreestimados bajo concepciones del laissez-faire de la economía política. Los roles económicos del Estado nación deben ser aclarados no sólo desde los puntos de vista marxista y del laissez-faire (como aparece comúnmente en todos los libros de economía política). Después de todo, en términos de influencias ideológicas, el Estado nación es inicialmente más producto del nacionalismo que de su rivales paradigmáticos e ideológicos, ya sea socialismo o liberalismo.

Por tanto, este artículo trata sobre las obras de Friedrich List, uno de los primeros heraldos de la economía política del nacionalismo y una de las figuras más influyentes entre sus proponentes en Alemania y Europa. (3) La vida de Friedrich List es un tema fascinante y su actividad política y experiencia de vida abre la ventana no sslo a la nación liberal alemana sino también a la historia económica estadounidense en la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, debe enfatizarse que el debate en este artículo no debe llevar al lector a una adhesión acrítica al nacionalismo o cegarnos del examen crítico de la actividad política de Friedrich List y, especialmente, de su postura moral en cuestiones de guerra y paz y su pangermanismo. (4) Una imagen completa de List y un debate la opinión de la política de List está, lamentablemente, más allá de la agenda de este artículo, que se limita a las implicaciones de sus escritos para la economía política del Estado nación. Sin embargo, una excelente presentación de las ideas y actividades políticas de Friedrich List en nombre de una Alemania unificada y liberal está disponible para los lectores en la obra Friedrich List; Economist and Visionary (Friedrich List; Economista y visionario, Henderson, 1983).

Friedrich List (1789-1846) nació en Reutlingen, en el sur de Alemania, y se desempeñó como funcionario en su estado natal de Wuirttemberg. En 1817, fue nombrado profesor de administración en la Universidad de Tubinga. List participó activamente en el movimiento a favor de la abolición de las tasas internas en Alemania y fue elegido miembro de la cámara baja de la Dieta de Württemberg. Sus opiniones políticas disidentes motivaron su despido de la universidad, su expulsión de la Dieta y luego también una acusación de traición. List fue condenado a diez meses de trabajos forzados, pero después de cumplir seis meses fue puesto en libertad con la condición de que emigrara a América. Su período americano (1825-30) culminó con su nominación al cargo de cónsul estadounidense en Leipzig, donde continuó trabajando por la unificación económica y política alemana. Las dificultades económicas, las desilusiones políticas y la tristeza trajeron consigo una profunda depresión y resultó en su suicidio. La influencia de List sobre quienes diseñan políticas, así como la teoría del desarrollo es muy extendida (Wendler, 1989). (5)

Hay muchas formas de nacionalismo e incluso más interpretaciones del nacionalismo; por tanto, es muy lamentable que las versiones nazis, fascistas y conservadoras del nacionalismo se perciban ampliamente en la actualidad (principalmente en el mundo anglosajón) como representantes del tipo ideal. Desde los puntos de vista histórico, analítico y académicos, el nacionalismo siempre ha sido más que esas peligrosas ideologías del odio, y si nos esforzamos por comprender adecuadamente el nacionalismo, este hecho debe tenerse en cuenta. Versiones racionales, benévolas del nacionalismo siempre fueron parte de la historia de la humanidad y esto es tan obvio que parece redundante proporcionar ejemplos. Además, que ese nacionalismo puede basarse en una filosofía ilustrada ha sido argumentado convincentemente por muchos (por ejemplo, Tamir, 1993). Más aún, si negamos el nacionalismo, también debemos negar el derecho de autodeterminación, ya sea palestino o judío, checheno o ruso. Si uno, como yo, considera el nacionalismo como una especie de identidad comunal ‘imaginada’ pero importante, el multiculturalismo y el nacionalismo se refuerzan más bien que contradecirse.

Afirmando la existencia de un nacionalismo ‘positivo’ e ilustrado, sin negar la existencia de versiones malignas (o incluso aspectos malignos) del nacionalismo, este artículo sugiere que la ideología del nacionalismo tiene sus propios imperativos económicos; reconocer la existencia de esos imperativos debe permitirnos arrojar luz sobre las formas en que los roles económicos del Estado se moldearon en el pasado y pueden continuar siendo moldeados en el futuro. Por lo tanto, la primera parte del artículo discutirá la noción de poderes productivos nacionales y su relación con el concepto de globalización. Se ofrecerán dos visiones de la globalización. La primera enfatiza los aspectos materiales de la actividad económica y deriva de la noción de desarrollo de Adam Smith, mientras que la segunda enfatiza los aspectos políticos y de capital humano de la actividad económica y se relaciona con el concepto de desarrollo de List. La segunda parte del artículo se centrará en cuatro características de las “economías desarrolladas”. La tercera parte utilizará estas características para discutir el papel del Estado en la economía política de List. La sección final argumentará que el papel del Estado no ha cambiado sustancialmente en nuestra ‘era de la globalización’. Así, se sostiene que muchas de las afirmaciones actuales sobre la llamada ‘autonomía decreciente del Estado’, así como el ‘imperativo de la globalización’ han sido sobreestimados bajo la influencia de las concepciones del laissez-faire de la economía política.

I. LOS PODERES PRODUCTIVOS Y EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN

List es reconocido como uno de los padres ​​de la teoría de las ‘industrias en infancia’. Sin embargo, este reconocimiento difícilmente puede testificar en toda su extensión su importancia y contribución al estudio de la economía política. Se puede retratar una imagen más completa de su economía política por referencia a su uso y elaboración del concepto de poderes productivos nacionales. (6) El término ‘poderes productivos’ fue utilizado por primera vez por List en su obra ‘Outlines of American political economy’ (Esbozos de la economía política estadounidense, 1827). (7) El término fue más elaborado en El sistema natural de la economía política (1838) (8), así como en su obra magna titulada Das nationale System der politischen Ökonomie (El sistema nacional de la economía política, 1841). El concepto de poder productivo de List se basa primero en una distinción entre las causas de la riqueza y la riqueza misma. (9) Según List,

una persona puede poseer riqueza, es decir, valor de cambio; si, no obstante, no posee el poder de producir objetos de mayor valor de lo que consume, se empobrecerá. Una persona puede ser pobre; sin embargo, si posee el poder de producir una cantidad mayor de artículos valiosos de los que consume, se hace rica.

(List, 1841: 133)

Los poderes productivos constan de tres tipos de capital: el capital de naturaleza (o capital natural), el capital de la materia (o capital material) y el capital de la mente (o capital mental). El capital de la naturaleza comprende tierra, mar, ríos y recursos minerales. El capital de la materia comprende todos los objetos, como máquinas, utensilios y materias primas, que se utilizan directa o indirectamente en el proceso de producción. Finalmente, el capital de la mente incluye habilidades, entrenamiento, industria, empresa, ejércitos, poder naval y gobierno (List, 1827: 193-4). (10) La creación de riqueza es el resultado de la interacción entre las habilidades humanas, la industria y la iniciativa, por un lado, y el mundo natural y material por el otro.

Según List, estos tres tipos de capital se distinguen según su importancia relativa para la creación de riqueza: el capital natural y material son inferiores al capital mental. Si todas las demás condiciones permanecen iguales, la formulación de políticas económicas dirigidas al desarrollo del capital mental resultará en mejores rendimientos que las políticas económicas que tienen como objetivo ampliar el desarrollo del capital natural y material. Para aclarar este punto, List ofreció el ejemplo de dos familias, cada una con una granja y cinco hijos. El padre de la primera familia deposita sus ahorros en el banco y mantiene a sus hijos en trabajos manuales. En cambio, el padre de la segunda familia usa sus ahorros en pos del bien de la educación de sus hijos y les concede tanto tiempo como apoyo para su cultivo personal. Dos de sus hijos reciben formación con el objetivo de convertirlos en terratenientes competentes, mientras que los demás aprenden oficios y otras profesiones. Tras la muerte de los padres, argumenta List, el futuro de estas dos familias será diferente debido a las políticas distintas de los dos padres. El declive de la fortuna de la primera familia parece ser un prospecto inevitable, ya que su patrimonio tendrá que dividirse en cinco partes y administrado igual que antes. La zona de cultivo que antiguamente abasteció las necesidades de una familia ahora tendrá que suplir las de cinco. El destino de la primera familia será, pues, de pobreza e ignorancia. Por el contrario, tras la muerte del segundo padre, su patrimonio se dividirá solo en dos, y debido a la buena crianza de estos herederos capacitados, cada mitad podrá rendir tanto como el todo cedido antes. Los otros tres hermanos ya habrán obtenido ingresos seguros para a sí mismos en cualquier profesión que tengan. Debido a la educación de los hijos (List no mencionó a ningún miembro femenino de la familia) su diversidad de fuerzas mentales y talentos habrá sido cultivada y probablemente aumentará con el tiempo y las generaciones.

Aunque en ambos casos fue el bienestar de la familia lo que los padres tenían en mente, tenían diferentes conceptos de riqueza que produjeron diferentes resultados. El primer padre identificó la riqueza con el capital material y, por lo tanto, descuidó el cultivo de las habilidades mentales de sus hijos. El segundo identificó la riqueza con el capital mental y, por lo tanto, invirtió en la educación de sus hijos. Esta historia ejemplifica la fuerte convicción de List que los diversos tipos de capital tienen un orden jerárquico, y que el capital mental es el más importante. Esta distinción le permitió, asimismo, argumentar que el primer padre actuó de acuerdo con las concepciones materialistas de los seguidores de Adam Smith, mientras que el segundo padre actuó de acuerdo con una teoría de la formulación de políticas orientada al capital humano. El ejemplo nos da la oportunidad de examinar críticamente la noción de capital humano en la economía clásica y su distinción entre riqueza y las causas de la riqueza. Sostengo que el seguir la teoría económica clásica de Adam Smith deriva en no lograr identificar adecuadamente las causas de la riqueza.

De hecho, Adam Smith hizo la distinción entre riqueza y causas de riqueza un punto central de su crítica de las percepciones de los mercantilistas sobre el papel de la plata y el oro como fuentes de riqueza. Como alternativas al oro y la plata, Smith ofreció la división del trabajo y la acumulación del capital como causa primaria del desarrollo. Esto, sin embargo, llevó a la teoría económica neoclásica a adoptar una noción materialista de cambio social y desarrollo económico. De hecho, la división del trabajo recibió la mayor parte de la atención de Adam Smith. Es esta noción la que abre La riqueza de las naciones: ‘El progreso más importante en las facultades productivas del trabajo, y gran parte de la aptitud, destreza y sensatez con que éste se aplica o dirige, por doquier, parecen ser consecuencia de la división del trabajo’ (Smith, 1776: 3). La división del trabajo es un logro de una economía desarrollada y no se encuentra en las economías subdesarrolladas en las que cada hombre se esfuerza por procurar sus propias necesidades con sus propias manos: ‘Cuando tiene hambre se va al bosque a cazar; cuando su atuendo se desgasta, se viste a sí mismo con la piel del primer gran animal que mate’ (Smith, 1776: 259). Sin embargo, una división del trabajo es concebida por él como dependiente de la acumulación de capital, y así ‘la acumulación de capital debe, por la naturaleza de las cosas, ser anterior a la división del trabajo’ (Smith, 1776: 260). Por lo tanto, es la acumulación de capital la que mejora la división del trabajo y es la división de la mano de obra la que, a su vez, hace posible un mayor aumento de la acumulación de capital. En las propias palabras de Smith, ‘Así como la acumulación de capital es previamente necesaria para llevar a cabo esta gran mejora en los poderes productivos del trabajo, la acumulación conduce naturalmente a esta mejora’ (Smith, 1776: 260). El proceso de acumulación, que fomenta contiguamente la división del trabajo, es por tanto el proceso del desarrollo económico”. (11)

El concepto de desarrollo económico de Smith fue criticado por List. No es que List rechazara la importancia de la noción de Smith sobre la división de la mano de obra, ni tampoco rechazó la importancia del comercio y el ahorro como instrumento de desarrollo económico, pero en su opinión son inferiores al aumento del capital mental. En terminología moderna, podemos decir que List enfatizó la importancia del capital humano en el desarrollo económico. (12) La importancia del capital humano había sido descuidada en la teoría económica dominante. Esto ya ha sido argumentado por Mark Blaug: ‘[los economistas clásicos] simplemente no exploraron las implicancias de una visión del capital humano de la oferta de trabajo. Adam Smith partió; John Stuart Mill lo llevó un poco más lejos” (Blaug, 1975: 574). (13) List hizo el mismo punto hace más de cien años cuando enfatizó la importancia del capital humano para el desarrollo económico. List debe ser considerado uno de los fundadores de la teoría del capital humano y merece más reconocimiento a este respecto de lo que ha recibido (ver, por ejemplo, Kiker, 1966).

Fue solo en la década de 1960, a través de las obras de Gary S. Becker, que el concepto de capital humano fue introducido en la teoría económica oficial. Sin embargo, incluso cuando finalmente se introdujo, recibió una interpretación individualista que difícilmente hacía justicia al importante papel del Estado y los movimientos nacionalistas en la construcción de un sistema masivo de educación– no como una respuesta a los individuos, o a una demanda por educación impulsada por el mercado, sino como un esfuerzo de la élite para educar (y movilizar) a las masas. (14) Sobre la base del concepto de poderes productivos, List fue capaz de ofrecer un análisis que conectaba las políticas educativas del gobierno y la noción de capital humano con el resultado deseado de desarrollo económico. List pudo distinguir entre las caracterizaciones o resultados del desarrollo y las causas del desarrollo. La transformación de una etapa de desarrollo a otra se caracteriza por la división del trabajo y por la cantidad de capital que se manifiesta en ella. Sin embargo, el capital material y la división del trabajo no deben ser identificados como las causas del desarrollo económico. El capital mental es más importante y, por lo tanto, debe considerarse la más importante causa del desarrollo, y es el gobierno el responsable de la educación de sus ciudadanos y por lo tanto del aumento de capital humano. Es la extensión y la cantidad de capital humano lo que distingue a las economías desarrolladas de las subdesarrolladas. En las etapas más primitivas de una economía, el capital mental es muy limitado mientras que en etapas posteriores de desarrollo las limitaciones al aumento de capital mental son eliminadas. Esto a su vez hace posible la división del trabajo y la acumulación de capital.

Por tanto, es posible identificar dos conceptos de desarrollo económico: uno que enfatiza los factores materiales y otro que enfatiza la política y el capital humano. Estos dos conceptos están integrados a la noción popular actual de globalización. La globalización, aunque rara vez definida de forma apropiada, implica que ciertos procesos económicos, a menudo entendidos como imperativos ineludibles, llevan a la sociedad humana hacia la reorganización política y económica a escala global. Esta interpretación de la globalización es materialista: descuida el capital humano y el papel del gobierno en el desarrollo económico. Es un concepto de globalización smithiano o de laissez-faire, ya que asocia a la globalización con los procesos económicos de acumulación y división del trabajo. De acuerdo a este punto de vista, nos encontramos ahora en una nueva etapa de desarrollo económico, donde el movimiento hacia una acumulación de capital más eficiente (es decir, global) y la división del trabajo crearán condiciones favorables para el establecimiento de un nuevo orden político-global. En seguida, este nuevo orden disminuirá (o al menos minimizará) los roles económicos del Estado y también reforzará las concepciones laissez-faire sobre el papel económico del gobierno.

Una segunda noción de globalización, listiana o propia del nacionalismo económico, también puede introducirse. Esta noción enfatiza que las fuerzas de la globalización son productos del aumento del capital mental, un proceso de aprendizaje que incluye la creación de nuevas formas de conocimiento tanto como los productos de nuevas formas de organización política. El Estado nación en esta interpretación tiene un papel crucial en promover, orientar y regular el proceso de globalización. El Estado nación es crucial para el proceso de globalización, ya que lo nutre, lo protege y le da sentido. De hecho, es posible argumentar que para List el proteccionismo como política estatal es una política de transición en un camino que conducirá eventualmente al libre comercio. Pero su definición del papel del Estado se basa principalmente en el concepto de potencia productiva y no en la teoría del comercio (como la siguiente parte del artículo lo demuestra), y por lo tanto es posible contrastar un argumento a favor de la indispensabilidad del Estado para el proceso de desarrollo económico sobre la base de los argumentos de List. El Estado nación y la economía nacional como instituciones intermedias entre el individuo y la humanidad tienen, en esta interpretación de la globalización, un papel crucial que no es transitorio sino eterno.

II. CARACTERÍSTICAS DEL DESARROLLO ECONÓMICO: EL PUNTO DE VISTA DE LIST

Cuatro características del proceso de desarrollo económico hacen que el papel del Estado sea indispensable para la economía política de List. Estas cuatro, que se examinarán en esta parte del artículo, incluyen la naturaleza colectiva de la actividad económica, la fragmentación de intereses e identidades en una economía desarrollada, la necesidad de inversiones a largo plazo y la naturaleza cultural de los poderes productivos. (15)

El carácter colectivo (16) de la actividad económica en una economía desarrollada

Adam Smith utilizó el concepto de división del trabajo para establecer la afirmación de que las interacciones económicas interdependientes generan un fundamento sólido para unas relaciones sociales y políticas armoniosas. Sin embargo, al sugerir que se debe hacer una distinción entre las divisiones objetivas y subjetivas del trabajo, List resalta una imagen más compleja:

Es una división del trabajo si un salvaje en un mismo día va de caza o pesca, corta leña, repara su wigwam y prepara flechas, redes y ropa; pero también es una división del trabajo si (como menciona Adam Smith en forma de ejemplo) diez diferentes personas comparten las diferentes ocupaciones relacionadas con la fabricación de un alfiler: la primera es una división objetiva y la segunda una división subjetiva del trabajo; la primero obstaculiza, la segunda fomenta la producción.

(List, 1841: 149)

La diferencia esencial entre los dos tipos de división del trabajo es que mientras que en el primero una sola persona divide sus propios poderes de trabajo para que den varios productos, en el segundo, varias personas participan en la producción de un solo producto. La importancia de esta distinción entre las formas objetiva y subjetiva de la división del trabajo se deriva del hecho de que el tipo más significativo- es decir, el subjetivo – implica una mayor necesidad de cooperación o, como dijo List, ‘una confederación o unión de varias energías, inteligencia y poderes en nombre de una producción común. La causa de la productividad de estas operaciones no es meramente esa división, sino esencialmente la unión’ (List, 1841: 149-50). Así, List ofrece una interpretación colectivista del proceso productivo, que es la unión de los esfuerzos humanos hacia un meta común de desarrollo.

La creciente especialización del proceso productivo hace que la comunicación eficiente sea cada vez más crucial para el éxito de los esfuerzos de producción, ya que ‘el que hace las cabezas de los alfileres debe estar seguro de la cooperación del que hace los puntos si no quiere correr el riesgo de producir cabezas de alfiler en vano’ (List, 1841: 150). Sin una medida adecuada de cooperación, el costo del producto aumentará, y consecuentemente las ventajas de la división del trabajo disminuirán e incluso eventualmente pueden convertirse en una fuente de conflicto. Así, la fragilidad del proceso de producción moderno se ve reforzada por el hecho de que la negativa de cualquier individuo a cooperar puede bastar para ‘dejar a todos los demás sin trabajo’. La división del trabajo implica no solo un aumento en el número de participantes en el proceso de producción de cualquier producto, sino también una difusión de su ámbito geográfico; esto a su vez profundizará su dependencia de una mejor comunicación y cooperación. La historia de la Torre de Babel puede ilustrar nuestro punto. El éxito de este ambicioso proyecto dependía tanto de la cooperación como de la comunicación entre los constructores. En la historia bíblica quedó claro que debido a la mala comunicación entre los constructores su cooperación se vio dificultada. En una economía desarrollada, donde cada producto es una torre de Babel en términos de complejidad, debemos encontrar formas de proporcionar medios de comunicación y cooperación. La amenaza implícita en cualquier falta potencial de cooperación debería ser nuestra primera preocupación en la estructuración un sistema eficaz de economía política.

Conflicto social en una economía desarrollada

Pese a que la división del trabajo aumenta significativamente la necesidad y justificación de la cooperación, el hecho de que también crea nuevos intereses, nuevas identidades sociales y personales, y nuevas profesiones – cada una con su propia lógica, perspectiva, preocupaciones, experiencia y visión – apenas se tomó en cuenta. (17) Cuanto más profunda se vuelve la especialización, mayor es la fragmentación de intereses e identidades que seguirá. Por lo tanto, una división del trabajo no solo refuerza la razón de ser de la cooperación, sino también amplía la esfera potencial de conflicto. Dentro de la esfera social, la división del trabajo hará cada vez más claras las distinciones entre varios intereses sociales (por ejemplo, intereses comerciales, industriales y agrícolas). En contraste con David Hume, Adam Smith y David Ricardo, quien señaló los beneficios mutuos del comercio entre países agricultores (como Portugal) y países industriales (como Gran Bretaña), así como en contraste con la teoría económica clásica, List era sensible a las implicancias de la especialización económica en la sociedad, política, cultura y poderío militar de un país. (18) La necesidad de coordinar los intereses del comercio, la agricultura y la manufactura fue el conflicto social por el que List estaba principalmente preocupado. Si tenemos en cuenta la participación activa de List en la política alemana y norteamericana, así como su estudio de la historia y la política británicas, sus preocupaciones son completamente comprensibles. Lo que es común a estos escenarios históricos es que el sector manufacturero tuvo que superar la resistencia política de grupos sociales opuestos antes de que pudiera florecer y prosperar.

En el caso británico, el debate público durante la primera mitad del siglo XIX se centró en gran medida en las leyes del maíz, el arancel sobre las importaciones de cereales. En este debate fueron los terratenientes quienes se resistieron a la competencia extranjera, oponiéndose a los representantes de los intereses manufactureros que protestaron contra los altos aranceles. Según los manufactureros, los mayores aranceles significaron precios más altos para los alimentos y, en consecuencia, costos laborales más altos (lo que redujo su capacidad para competir en el extranjero). Un conflicto de interés similar, que fue el resultado de una creciente fragmentación nacional, fue experimentado por List mientras vivía en Estados Unidos. Se trata del conflicto entre el norte industrial y el sur agrícola. Una vez más, estaba en juego el futuro del progreso económico y social en Norteamérica, que dependía de la victoria de los manufactureros. Pero fue principalmente en el contexto de Alemania en la primera mitad del siglo XIX donde tomaron forma las ideas de List. List fue muy activo en el debate político sobre la unión aduanera alemana, que eventualmente resultó en la formación del Zollverein (1834, *). Durante la promoción de la idea de la unión aduanera alemana, List se dio cuenta de que los intereses de la manufactura no eran los únicos intereses sociales en juego, y que, a pesar de su importancia para un mayor desarrollo económico y futuro de la nación alemana, no eran necesariamente los más poderosos. Una economía desarrollada implica, por tanto, nuevas formas de conflicto social, y esto debe tenerse en cuenta en la formación de instituciones políticas nacionales. Además, esas instituciones deben estructurar la economía nacional para promover los intereses nacionales y para superar los obstáculos y las limitaciones al funcionamiento de los sectores más beneficiosos para los intereses nacionales. Aquí, List demuestra su conciencia de la importancia del Estado en el proceso de desarrollo económico por medio de superar la oposición social en la misma línea que fue presentada un siglo después por el clásico de Karl Polanyi, The Great Transformation (La gran transformación, 1944). Los mercados y la industrialización en este enfoque son en gran medida instituciones creadas por el Estado más que una esfera autónoma de la acción humana.

Preferencias de tiempo en una economía desarrollada

Los actores económicos pueden adoptar una visión a corto o largo plazo en sus expectativas sobre la cosecha de los frutos de su trabajo. Sin embargo, para que una economía se desarrolle, es condición necesaria que los actores económicos adopten la visión a largo plazo. En una sociedad de caza, en contraste con una sociedad agraria, los productos de un día de trabajo tomarán la forma de bestia cazada que cuelga sobre la fogata del cazador. En un mal día, cuando el cazador regresa con las manos vacías a su campamento, no puede hacer más que dormir con el estómago vacío y esperar que el día siguiente sea mejor. Tanto en los días afortunados como en los desafortunados, los resultados del trabajo del cazador son inmediatamente visibles. En este tipo de sociedad, no es necesario distinguir entre el largo y el corto plazo, ya que la capacidad de almacenar la carne es muy limitada y no hay justificación para esfuerzos a largo plazo. En sociedades agrarias, sin embargo, debe pasar al menos un ciclo de siembra, desde el arado hasta la cosecha, antes de que una persona pueda disfrutar de los frutos de su trabajo. Este período de espera amplía necesariamente el horizonte temporal del agricultor y, por lo tanto, hace necesario un cálculo a largo plazo. En una economía manufacturera, se requiere una visión aún más amplia. Aquí los productos de un solo día de trabajo solo estarán listos para el consumo después de un largo período de inversión. Por ejemplo, el trabajo de los inventores, que requiere una inversión continua de capital material y mental, producirá, tras años de esfuerzos, el conocimiento y las habilidades necesarias para la invención. Por tanto, podemos caracterizar a una economía desarrollada por sus horizontes de tiempo más largos y argumentar que cuanto más desarrollada es la economía, requerirá en mayor medida que los actores económicos adopten una visión a más largo plazo.

En la medida que las economías desarrolladas requieren períodos más largos de realización, llegamos a la pregunta crucial: “¿Cómo se deben determinar las preferencias de tiempo?” Lo que necesitamos es una teoría que dé cuenta de la motivación para invertir en el futuro; tal teoría tendrá que dar cuenta sistemáticamente de la voluntad de sacrificar ciertas cantidades de bienes presentes para la obtención de una mayor cantidad de bienes futuros. (19) Partiendo por la pregunta ‘¿Qué impulsa a los hombres a hacer algo?’, List ofrece la siguiente respuesta: ‘Siempre encontramos que hay algún impulso interno que pone al cuerpo humano en movimiento’ (List, 1841: 185). Como se demostrará más adelante, este ‘impulso interno’ puede verse influenciado por cuatro condiciones sociales distintas, cada una de las cuales tiene el potencial de estimular la propensión a invertir en el futuro.

Cultura y poderes productivos en una economía desarrollada

Los poderes productivos se basan tanto en la cultura como en el ámbito nacional. Tienen una base cultural porque prosperan en un contexto cultural determinado y languidecen con su declive. Por tanto, existe una conexión causal entre la prosperidad de las artes, las ciencias y la ética social y personal, por un lado, y los poderes productivos de esa cultura y nación, por el otro. Los agentes de los poderes productivos en la teoría de List incluyen maestros, clérigos y artistas, así como trabajadores manuales. Las instituciones políticas y culturales de la sociedad influyen enormemente en el estado de sus poderes productivos:

La publicidad de la administración de justicia, juicio con jurado, legislación parlamentaria, control público de la administración estatal, autoadministración de las comunas y municipios, libertad de la prensa, libertad de asociación para fines útiles … Difícilmente podemos concebir ley o decisión judicial alguna que no ejerza mayor o menor influencia en el aumento o disminución del poder productivo de la nación.

(List, 1841: 139)

Otras fuentes potenciales de poder productivo incluyen la abolición de la esclavitud, la invención de la imprenta y la libertad de prensa. En particular, es el capital mental el que depende de las instituciones culturales y políticas, mientras que el capital material está relativamente libre de tales influencias. Es esta propensión cultural de los poderes productivos lo que da sentido a la noción de economía nacional. (20)

Los poderes productivos están delimitados nacionalmente porque están codificados en leyes, normas y morales y, por lo tanto, no son tan fácilmente transferibles como las teorías laissez-faire tienden a asumir. Además, es el componente menos importante de los poderes productivos, el capital material, el que se discute en las teorías laissez-faire del crecimiento y el comercio. De hecho, el capital y la tecnología pueden moverse de un lado del mundo a otro, pero esto no es cierto en el caso del capital mental, que es llevado por seres humanos y está sujeto a reglas restringidas de inmigración (que están legitimadas a su vez por valores nacionales). Dado que los poderes productivos tienen una base nacional y cultural, la noción de economía nacional de List no está minada por las fronteras físicas entre los Estados o por las barreras aduaneras o por cualquier otro tipo de maquinaria política. En cambio, List considera que la economía nacional es el resultado de las ideas nacionales, las instituciones nacionales y el deseo de la gente de pertenecer a una nación. Este es el origen histórico sobre el que se han construido las barreras aduaneras y las instituciones estatales. Las características culturales y nacionales de la economía desarrollada, así como las otras tres características expuestas, guían nuestro análisis del papel del Estado en la economía política de List.

III. EL PAPEL DEL ESTADO: ALIMENTAR LOS PODERES PRODUCTIVOS DE LA NACIÓN

Las cuatro características de las economías desarrolladas discutidas anteriormente son las que finalmente explican el papel del Estado en la economía política de List. (21) El papel del Estado en la teoría del comercio de List es el de protector de los poderes productivos nacionales. El análisis de List de las implicancias del comercio de lana y algodón entre Estados Unidos y Gran Bretaña da una expresión adecuada a sus puntos de vista sobre los poderes productivos (List, 1827: 187-202). En la primera mitad del siglo XIX, el comercio bilateral entre esos países consistía en la exportación de algodón y lana de Estados Unidos a cambio de productos manufacturados británicos. Según List, este tipo de comercio no podría permitir ganancias iguales en ambos lados (aunque, siguiendo la teoría del comercio de Ricardo, los librecambistas afirmaron que es precisamente una política de este tipo la que daría como resultado beneficios iguales para ambos lados). Sobre la base de su concepto de poderes productivos, List planteó un interesante e importante argumento dirigido a los defensores de las políticas de libre comercio no reguladas. Según List, el intercambio entre Estados Unidos y Gran Bretaña involucró dos formas de capital: material y mental. Mientras que los teóricos del libre comercio se limitaron a discutir el intercambio de materia por materia (es decir, capital material), List afirmó que, de hecho, uno debería tener en cuenta la otra y más importante forma de intercambio entre Estados Unidos y Gran Bretaña: el intercambio de capital mental.

Aunque la división del trabajo entre los estadounidenses y los británicos era aparentemente igual, de hecho, permitió a los británicos maximizar sus poderes productivos nacionales al tiempo que imponía restricciones a los poderes productivos estadounidenses. En estas condiciones, el comercio entre los dos países confinó a los estadounidenses a la producción de productos agrícolas, lo que impidió el aumento intensivo de su capital mental. Este estado de cosas reforzó la inferioridad económica y militar de Estados Unidos y la superioridad de Gran Bretaña. Por lo tanto, la protección, en ciertos casos, se recomienda y justifica como un impuesto a la educación que eventualmente permitiría a los estadounidenses participar en un intercambio equitativo con los británicos, es decir, el intercambio no solo de materia por materia, sino también de capital mental por capital mental. La manufactura involucra muchos dominios del conocimiento y la ciencia, y presupone mucha experiencia, habilidad y práctica. El amplio empleo de los británicos en la manufactura les dio la oportunidad de desarrollar sus poderes productivos y restringir las oportunidades de los Estados Unidos agrícolas. Según List, el papel del Estado en tal caso era crear las condiciones adecuadas para el desarrollo del capital mental estadounidense. Sin embargo, estas condiciones no se pueden proporcionar a menos que se aplique una política comercial gestionada.

Además, quienes formulan las políticas también deben tener en cuenta las consideraciones a largo plazo, y List recomienda el sacrificio actual de capital material por rendimientos futuros:

Una nación que tiene una economía agraria y depende de países extranjeros (para sus productos manufacturados) puede … estimular el establecimiento de industrias mediante un arancel protector. Un país así bien puede sacrificar mucho ‘valor de cambio’ [es decir, capital material] por el momento, si sus nuevos talleres producen bienes caros y de mala calidad. Pero aumentará enormemente su poder productivo en el futuro… Este es nuestro principal argumento a favor de un arancel protector y en oposición a la doctrina del libre comercio.

(List, 1838: 35-6)

La política comercial que apoyará el aumento de los poderes productivos nacionales debe elaborarse con mucho cuidado, ya que la construcción de fronteras económicas implica pérdidas potenciales de capital material. List sostenía así que “cualquier exageración o apresuramiento de la protección se castiga a sí misma con la disminución de la prosperidad nacional”. (22) El principio de aumentar los poderes productivos de la nación debe guiar la política económica nacional. Por tanto, una nación no debería ser evaluada por su autosuficiencia ni por su balanza comercial, sino, según List, por el grado en que “su industria es independiente y sus poderes productivos están desarrollados” (List, 1827: 189).

Otro tema que puede arrojar luz sobre el papel del Estado en la economía política de List es el rol estatal en la esfera de la educación. La convicción de List de la importancia económica de la educación se refleja en su noción de capital mental y el estatus superior que le atribuye. Su estudio de las industrias del lino en Francia, Alemania e Inglaterra lo demuestra. List afirmó que los intentos de los británicos de monopolizar la producción de lino en toda Europa fueron bastante similares a la forma en que lograron monopolizar el mercado del algodón durante el medio siglo anterior. De hecho, el futuro de las industrias del lino era un tema de gran preocupación en Francia, ya que los maquinistas y fabricantes franceses que anteriormente disfrutaban de ventajas considerables en este comercio se enfrentaban al peligro real de perder su mercado frente a los británicos. La fuente de la superioridad comercial británica, argumentó List, fue el sistema educativo británico:

Antes de la época de Eduardo III, los ingleses eran los mayores matones y personajes inútiles de Europa; ciertamente, nunca se les ocurrió compararse con los italianos y belgas o con los alemanes en cuanto a talento mecánico o habilidad industrial; pero desde entonces, su gobierno se ha hecho cargo de su educación, y así, gradualmente, han logrado tal progreso que pueden disputar la palma de la habilidad industrial con sus instructores.

(List, 1841: 386-7)

La educación es autóctona en lugar de exógena a la economía política de List. En la noción de poderes productivos, la educación es un factor importante en el desempeño económico nacional. Una nación tiene que desarrollar su sistema educativo de acuerdo con su progreso económico:

A medida que una nación se industrializa, se vuelve más necesario asegurar el servicio de personas adecuadas y capacitadas en las fábricas y talleres. Estas personas ahora pueden obtener sueldos y salarios más altos de lo que antes era posible. Les resultará más fácil dedicarse enteramente a una determinada rama del conocimiento, siempre que tengan la aptitud natural necesaria y una buena preparación previa. El conocimiento se está volviendo más especializado.

(List, 1838: 67) (23)

Si ahora volvemos a considerar la primera característica de los poderes productivos, a saber, su naturaleza cooperativa y comunicativa en las economías desarrolladas, podemos ver por qué el papel coordinador del Estado es indispensable. A medida que se profundiza la división del trabajo y más y más personas se involucran en la producción de un solo producto, y a medida que se producen más y más productos, la coordinación se vuelve cada vez más crucial. Es en correspondencia con este proceso que la gestión y la coordinación de la composición social se vuelven cada vez más complejas. Aumenta el interés público en la socialización y educación de cada ciudadano y, con él, su interés en mejorar la capacidad de cooperación de cada ciudadano. El destino económico de cada miembro de la nación se vuelve cada vez más dependiente del de los demás; después de todo, la ruptura de cualquier eslabón de la larga cadena de producción eventualmente afectará a todos los demás.

Las características culturales de los poderes productivos son el segundo factor que configura el papel del Estado en la economía política de List. Según List, existe una diferencia significativa entre las sociedades agrarias e industriales. Si bien percibe la actividad industrial como la ‘madre y el padre’ de la ciencia, así como de las artes y la ilustración en general, las sociedades agrarias son percibidas por él como ignorantes, intolerantes y cerradas de mente:

Los poderes intelectuales de un pueblo así [en sociedades agrarias] apenas se despiertan y se les da poco uso. No hay oportunidades para desarrollar talentos latentes. Solo el esfuerzo físico asegura recompensas y son lo suficientemente pobres ya que los terratenientes monopolizan la labor de los trabajadores en sus tierras… La fuerza moral nunca deja su huella y nunca triunfa sobre la fuerza bruta.

(List, 1838: 54)

Por tanto, el desarrollo industrial se percibe como un imperativo cultural y nacional. El cultivo de vides, por muy rentable que sea en términos de capital material, no puede satisfacer el deseo de prosperidad cultural de una nación. Es un argumento como este último el que nos permite comprender adecuadamente la siguiente afirmación de List: “Una nación no debería considerar el progreso de las industrias desde un punto de vista puramente económico. La manufactura se convierte en una parte muy importante del patrimonio político y cultural de la nación” (List, 1838: 39).

Una economía desarrollada también se caracteriza por la creación de nuevas identidades e intereses sociales. En este contexto, List menciona dos conflictos distintos que son producto de la economía desarrollada: nuevos tipos de conflictos entre los intereses del individuo y la sociedad, y la segmentación de la sociedad en diferentes sectores económicos, como el comercio, la agricultura y la manufactura. Con respecto al conflicto entre el individuo y la sociedad, List sostiene que, aunque la producción de muchos bienes aumenta el capital material tanto del individuo como de la nación, también puede debilitar el capital mental de la nación. La producción de bebidas alcohólicas, por ejemplo, puede incrementar las ganancias del individuo y la riqueza material de la sociedad, pero disminuye su capital mental. En tales casos de conflicto entre los intereses del individuo y los de la sociedad, el principio de nutrir los poderes productivos de la nación debería guiar al Estado para limitar la producción o distribución de alcohol (List, 1838: 35). La acción del Estado es crucial no solo en casos de conflicto de intereses entre el individuo y la comunidad, sino también en casos de conflicto entre varios grupos sociales y económicos. Por ejemplo, debido a que el interés nacional requiere la industrialización, se supone que es el Estado el que debe apoyar los intereses de la industria frente a los intereses agrarios y comerciales. En su actividad política en Alemania, List hizo grandes esfuerzos para presentar los beneficios de la colaboración a todos los segmentos de la sociedad, sin embargo, como un analista político experimentado, sabía que un Estado autónomo es crucial para la promoción de reformas que prepararán el camino hacia una estructura económica más desarrollada, y List sostiene que este papel es funcional para el florecimiento de los poderes productivos.

Una economía desarrollada necesita un horizonte de tiempo prolongado, y el Estado puede jugar un papel importante tanto en actuar en pos del logro de metas a largo plazo como en expandir los horizontes de tiempo de las personas y facilitar su voluntad de invertir en el futuro. Primero, el Estado puede disminuir la inseguridad y las incertidumbres que enfrentan las personas. Las guerras, los delitos y otras amenazas a la propiedad privada frenan la capacidad y la propensión del individuo para planificar e invertir en el futuro. En segundo lugar, argumentó List, es la sociedad abierta la que anima a las personas a invertir en el futuro. La movilidad social, una sociedad abierta y las recompensas sociales son cruciales para la tendencia a invertir en el futuro:

Donde no es posible elevarse a sí mismo mediante esfuerzos honestos y mediante la prosperidad de una clase de la sociedad a otra, de la más baja a la más alta… donde las personas que se dedican al comercio están excluidas del honor público, de participar en la administración, la legislación, y los jurados; donde los logros distinguidos en la agricultura, la industria y el comercio no conducen también a la estima pública y a la distinción social y civil, faltan los motivos más importantes para el consumo y la producción.

(List, 1841: 306-7)

Otra forma de recompensa social que List enfatiza son los premios a los inventores: ‘Trae honor a la mente inventiva en la sociedad y desarraiga el prejuicio por las viejas costumbres y modos de operación tan dañinos entre naciones sin educación’ (List, 1841: 307). Además del honor para los inventores, también deben garantizarse recompensas materiales. Esta es una tercera forma en que el Estado puede expandir las preferencias temporales de los individuos. List fue muy activo en la promoción de la legislación que aseguraría a los inventores alemanes los frutos de sus invenciones. Por lo tanto, pidió una ley de patentes que ‘proporcione al hombre que simplemente posee facultades mentales para nuevas invenciones los medios materiales que necesita, en la medida en que los capitalistas son incitados a apoyar al inventor, asegurándose de participar en las ganancias anticipadas’ (List, 1841: 307). El cuarto factor que puede motivar la inversión a largo plazo comprende las aspiraciones compartidas y el sentido de solidaridad nacional del pueblo. Para List, un individuo no es simplemente un productor o un consumidor; es miembro de una comunidad nacional y este hecho tiene un significado crucial para su voluntad de invertir en el futuro. Los individuos que no son miembros de tales comunidades son más propensos a tomar decisiones a corto plazo, ya que

los simples individuos no se preocupan por la prosperidad de las generaciones futuras; consideran una tontería… hacer sacrificios ciertos y presentes para esforzarse por obtener un beneficio que aún es incierto y que se encuentra en el vasto campo del futuro (si los eventos poseen algún valor); les importa poco la continuidad de la nación.

(List, 1841: 173)

Así, para List, las identidades nacionales tienen un papel funcional y positivo de ampliar los horizontes temporales de los individuos.

¿Podría ser que las expectativas de List sobre el Estado fueran ingenuas? ¿Podría ser que pasó por alto los problemas potenciales del abuso de poder por parte de los políticos, así como la ineficiencia de las burocracias públicas? Creo que la respuesta a estas preguntas debe ser negativa. Como burócrata y profesor de administración pública, List era muy consciente de estos problemas potenciales (véase también Backhaus, 1992). Tuvo cuidado de evitar tales abusos y argumentó que “es una mala política regular todo para promover todo mediante el empleo de poderes sociales, donde las cosas pueden regularse mejor y pueden ser mejor promovidas por ejercicios privados” (List, 1827: 213). Además, List sabía muy bien que “toda ley, toda regulación pública, tiene un efecto de fortalecimiento o debilitamiento sobre la producción o sobre el consumo o sobre las fuerzas productivas” (List, 1841: 307). A pesar de ser consciente de las posibles implicancias negativas de la intervención gubernamental, no dudó en recomendar, e incluso exigir, el espíritu empresarial político y económico del gobierno.

IV. OBSERVACIONES FINALES

Han pasado más de 150 años desde que Friedrich List publicó por primera vez su Sistema Nacional de Economía Política. Sin embargo, su capacidad para analizar y predecir las prácticas del papel económico del Estado sigue siendo notablemente relevante para nuestro análisis político y económico actual. Gran parte de lo que ahora se percibe en todo el mundo como una concepción ‘pragmática’ del papel económico del Estado ya fue predicho, analizado y justificado por List. El sistema regulado de comercio en la forma del Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT, **), la inversión en infraestructura y el énfasis en la educación fueron sugeridos por List como objetivos de política clave para cualquier formulación de política económica nacional y ahora son visibles en el sistema económico internacional. Conceptos clave de economía política actuales, como los de producto nacional, producto nacional per cápita, cuentas nacionales y balanza comercial nacional, también reflejan el hecho de que nuestra terminología económica y nuestra perspectiva sobre los asuntos económicos en la actualidad todavía están atadas a términos nacionales. Todas estas son razones importantes y suficientes para generar interés en la economía política del nacionalismo. Esto, a su vez, puede llevarnos a un discurso más fructífero sobre los roles económicos del Estado nación y los significados de la economía nacional.

Sobre la base de esta discusión, es posible ofrecer dos ideas acerca de los roles económicos futuros del Estado nación y el nacionalismo económico. Primero, el discurso actual pasa por alto la relación entrelazada entre la ideología del nacionalismo y los roles, prácticas y funciones actuales del Estado. Tanto los liberales como los marxistas a menudo tratan al nacionalismo como un tipo generalizado de “anomalía política”. Esto no ayuda a generar interés en el estudio de la economía política del nacionalismo. (24) Las teorías del laissez-faire, que siempre consideraron al Estado como un factor disfuncional en la conducción de los asuntos económicos, ahora se están reafirmando nuevamente en la terminología actual de la globalización. (25) El hecho es, sin embargo, que los Estados nación siempre enfrentaron desafíos económicos y generalmente los superaron (por supuesto, con diferentes grados de éxito en diferentes países y períodos). Es razonable dudar de la afirmación de que la globalización conduce a una disminución del Estado nación. No hay razón para creer que la economía puede regularse mejor a escala internacional que a escala nacional. El desarrollo económico a escala mundial solo hará que la necesidad de una mejor coordinación y cooperación sea más urgente y clara, surgirán nuevas formas de conflicto y la necesidad de crear condiciones sociales adecuadas para la inversión a largo plazo será más evidente que nunca. (26) De hecho, la globalización está eliminando cada vez más las limitaciones al comercio y al capital, pero concentrarse en esos aspectos de la actividad económica es repetir el error de las concepciones materialistas del desarrollo económico al descuidar la importancia del capital humano. Es menos probable que el capital humano esté sujeto a la globalización y a su vez se encuentra limitado a nivel nacional, ya que los mercados laborales de todo el mundo se están volviendo cada vez más cerrados a la inmigración. Si es posible hablar razonablemente de capital y comercio globales, no tiene sentido hablar de mercados laborales globales. A medida que la importancia del capital humano aumenta en lugar de disminuir, se puede incluso señalar la creciente importancia del Estado nación en el fomento de los poderes productivos nacionales. Las barreras comerciales pueden colapsar y el capital material puede dispersarse en todas las direcciones, pero las percepciones del Estado nación como protector y sustento de los poderes productivos nacionales siguen siendo válidas.

Esto nos lleva a una segunda cuestión que tiene que ver con la practicidad del nacionalismo en el desarrollo económico. En este sentido, Friedrich List fue uno de los fundadores de la tradición política que percibe al nacionalismo como una fuerza racional y universal. Hay que recordar que el nacionalismo económico tuvo un papel importante en la eliminación de las economías políticas particulares de la Europa premoderna. El nacionalismo estaba entonces estrechamente entrelazado con el imperativo de la industrialización (Gellner, 1983), y para las naciones periféricas de África, América Latina, Europa del Este y Oriente Medio estaba estrechamente relacionado con la idea de progreso. Dado que esto es cierto para el pasado en las sociedades industriales, así como para el presente y el futuro en las sociedades en desarrollo, no hay razón para suponer que no será lo mismo en el futuro. Como bien argumentó James Mayall, el nacionalismo y la globalización están más interconectados que en contradicción entre sí, ya que siempre aparecieron ‘en el mundo juntos y se reforzaron mutuamente de forma constante desde entonces. El surgimiento del nacionalismo fue una respuesta a un proceso de globalización, al igual que la globalización misma, o más bien lo que mantuvo el proceso, fue en gran parte una consecuencia de la competencia nacionalista’ (Mayall, 1997). El nacionalismo y la globalización, “como una vieja pareja casada en disputa”, predice Mayall, seguirán siendo mutuamente dependientes. Si el nacionalismo ha de sobrevivir, ya sea en su versión gandhiana o nazi, tendrá algunas implicancias importantes en la forma en que se configuran las estructuras económicas y se promulgan las políticas económicas. Si este es el caso, no podemos seguir evitando al nacionalismo y sus implicancias; de hecho, debemos prestar la debida atención a la economía política del nacionalismo.

Notas

(*) Unión aduanera de los estados alemanes durante el siglo XIX. (N. del T.).

(**) Acuerdo comercial internacional que derivara en la creación de la Organización Mundial del Comercio en 1995. Los tratados internacionales esbozados por List, no obstante, eran muy distintos de los acuerdos de libre comercio de hoy en día, con sus condiciones asimétricas, socavamiento de la soberanía nacional y perpetuación de la dependencia económica estructural para ciertas naciones. (N. del T.).

(1) El nacionalismo económico fue un tema de estudio popular en el período de entreguerras y, por lo tanto, fue parte integral de la mayoría de los libros sobre relaciones internacionales. Sin embargo, debido a la prominencia de la Guerra Fría y al dominio interrelacionado del debate liberal-marxista, esta situación ha cambiado y desde entonces el nacionalismo económico ha sido empujado a la periferia de la atención académica. Ha adquirido un tono peyorativo, lo que explica el hecho de que hoy en día difícilmente podamos encontrar estudiosos, políticos o regímenes que confiesen abierta y directamente ser nacionalistas económicos. El nacionalismo económico se ha descrito habitualmente como una visión política agresiva y de mente estrecha. Bertrand Russell, por su parte, la describió como una de las ideas más dañinas para la humanidad, poniéndola junto a impulsos sádicos, religión, superstición, envidia, orgullo, racismo y superioridad sexual (Russell, 1946). Por lo tanto, incluso cuando el nacionalismo económico atrae la atención, a menudo está matizado por un enfoque ideológicamente hostil.

(2) Tomemos, por ejemplo, The Political Economy of International Relations de Robert Gilpin (Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press, 1987). Este es uno de los raros casos (especialmente en EE. UU.) en los que el nacionalismo económico se presenta, junto con el marxismo y el liberalismo económico, como una teoría de la economía política. Sin embargo, la caracterización de Gilpin del nacionalismo económico se basa en gran medida en fuentes secundarias, e incluso estas no fueron concebidas original o específicamente para el estudio del nacionalismo económico. Además, es sorprendente notar que incluso el trabajo de las figuras más prominentes en el desarrollo del nacionalismo económico, como Friedrich List, está ausente en la bibliografía del libro de Gilpin.

(3) Los malentendidos y las malas interpretaciones de la teoría de List no son infrecuentes. Parece que el nacionalismo alemán de List puede explicar la evaluación sesgada del hombre y su teoría. Otra posible razón son sus ataques desenfrenados a la economía clásica, que luego fueron respondidos por los liberales económicos en el mismo tono y enfoque. A pesar de las contribuciones recientes al estudio de la política de List por Szporluk (1988) y Backhaus (1992), algunos temas importantes aún requieren una mayor discusión y exploración que pueden arrojar más luz sobre la economía política del Estado nación. Además, el descuido de Friedrich List debe verse en el contexto de la poca atención que recibe el cameralismo en el mundo anglosajón. El cameralismo es la versión alemana y austriaca del mercantilismo. El término se deriva de la cámara latina que denota el tesoro. El pensamiento cameralista se desarrolló en el contexto de las rutinas administrativas y los problemas que enfrentaban las burocracias de los estados alemanes. Ver Bell (1953: 106-20) y Riha (1985). La discusión más completa disponible en inglés es probablemente todavía la de Small (1909).

(4) Este tema es muy interesante porque su teoría política proporcionó el fundamento económico para la unificación de Alemania. La literatura actual presenta diversas interpretaciones y evaluaciones de los puntos de vista de List. Por un lado, hay estudios como el de Earle (que se publicó durante la Segunda Guerra Mundial) donde List se presenta como un defensor pan-alemán (Earle, 1941). Por otro, están aquellos estudios donde se le presenta como el precursor de la Unión Europea (Roussakis, 1968).

(5) Comprender el contexto en el que trabajó List requiere cierta familiaridad con la historia de Alemania y de la Escuela Histórica Alemana. El capítulo 11 de Oser y Blanchfield (1975) es muy útil para ese fin. Para más información sobre la unificación económica de Alemania, véase Price (1949). Véanse también las dos biografías inglesas de List (Hirst, 1909; Henderson, 1983).

(6) Sobre los orígenes del concepto de potencia productiva, véase Henderson (1982). Uno de los evaluadores académicos de este artículo sugiere que el importante exponente del nacionalismo económico, Heinrich Luden (1778-1847), expresó el concepto de poderes productivos de manera similar a List en su Handbuch der Staatsweisheit oder der Politik (Manual de sabiduría o política estatal, Jena: Frommann, 1811). Lamentablemente, no he localizado una copia de este libro.

(7) ‘Esquemas de la economía política estadounidense’ es un conjunto de cartas publicado originalmente como artículos en el Philadelphia National Journal. Las cartas fueron escritas a Charles Ingersoll, vicepresidente de la Sociedad de Pennsylvania para la Promoción de Manufacturas y Artes Mecánicas, durante el exilio de List en Estados Unidos. Se puede encontrar más información sobre el período americano de List en sus biografías (Hirst, 1909; Henderson, 1983) así como en Notz (1925).

(8) El sistema natural de economía política fue escrito durante el otoño de 1837 para un concurso de la Academia Francesa de Ciencias Morales y Políticas. El manuscrito fue finalmente enviado a la Academia Francesa en la primera semana de 1838. La Academia decidió que ninguno de los veintisiete manuscritos presentados era digno de su premio, aunque mencionó tres manuscritos como ‘ouvrages remarquables’; uno de esos tres fue el de List. El manuscrito fue descubierto en los archivos del Institut de France recién en 1925 y fue traducido al inglés por el profesor Henderson en 1983.

(9) Marx, en mi opinión, sin éxito, trató de invalidar esta distinción insistiendo:

Pero si el efecto es diferente de la causa, ¿no debe la naturaleza del efecto estar contenida ya en la causa? La causa ya debe llevar consigo el rasgo determinante que se manifiesta posteriormente en el efecto… La causa no es de ninguna manera superior al efecto. El efecto es simplemente la causa abiertamente manifestada. List finge estar interesado en todas partes en las fuerzas productivas por sí solas, aparte del mal valor de cambio.

(Marx, 1845: 285-6)

(10) Mis referencias son al texto que es más accesible y se incluyó en la biografía de List de Hirst. Sin embargo, el texto de Hirst (1909) incluye un error de revisión: se imprimió “capital de la materia” en lugar de “capital de la mente” (véase la p. 197 en el texto de Hirst, séptima línea desde la parte inferior); compárelo con el texto original de List (pág. 21) que se encuentra en la Biblioteca Británica.

(11) El proceso de acumulación de capital y el proceso de división del trabajo están limitados por el tamaño del mercado. Un mercado libre y abierto es crucial para cualquier desarrollo económico y, por lo tanto, el comercio no es una causa del desarrollo económico: “El comercio de acarreo es el efecto natural y síntoma de una gran riqueza nacional; pero no parece ser la causa natural de ello” (Smith, 1776: 354).

(12) Véase el énfasis de List en la importancia del capital humano y su crítica a Adam Smith y sus seguidores:

la escuela popular ha caído en hacer de la riqueza material o el valor de intercambio el único objeto de sus investigaciones, y al considerar el mero trabajo corporal como el único poder productivo. El hombre que cría cerdos es, según la escuela, un miembro productivo de la comunidad, pero el que educa a los hombres es un mero improductivo… El médico que salva la vida de sus pacientes no pertenece a la clase productiva sino que, al contrario, sí lo hace el hijo del químico.

(List, 1841: 142)

(13) Compare: “Ni [Smith] ni los escritores clásicos posteriores siguieron este camino en ninguna medida ni examinaron la variedad de fenómenos relacionados considerados por la economía moderna bajo el título de teoría del capital humano” (Bowman, 1990: 239). El economista político escocés-canadiense John Rae (1834) planteó también una crítica interesante en el mismo sentido.

(14) Sobre la interacción entre nacionalismo, educación y sociedad industrial, ver Gellner (1983).

(15) Elegí no ocuparme del papel económico del Estado en el contexto de los problemas de seguridad porque los liberales económicos y los nacionalistas económicos tienen posiciones bastante similares a este respecto. Véase Earle (1943).

(16) Colectivista aquí no implica ningún valor socialista. En cambio, similar al comunitarismo moderno, List apunta a la fecundidad de la cooperación nacional y la convergencia de intereses entre los diferentes miembros de la nación.

(17) Sobre la percepción neopluralista de Smith de la política británica de su tiempo, ver Reisman (1976: 198-211). Para una crítica similar del análisis de Adam Smith de las implicancias sociales de la división del trabajo, ver Arrow:

Smith está tocando un punto muy profundo. Hay más en la historia de lo que él ha dicho, y la división del trabajo crea más problemas de los que él ha indicado para el funcionamiento de la economía y la sociedad. La división del trabajo aumenta el valor de la cooperación, pero también aumenta los costos de cooperación y puede dar lugar a conflictos… Cada individuo tiene, pues, una visión diferente del mundo, una valoración diferente de cómo son las cosas; sus experiencias han sido únicas.

(Arrow, 1979: 160)

(18) La teoría económica clásica, así como la disciplina económica, son en gran parte ignorantes del poder. Sobre la ignorancia del poder en la disciplina de la economía, véase K. W. Rothschild (ed.) Power In Economics (Londres, 1971). Tullock, por ejemplo, argumentó que: “La economía tradicionalmente ha sido esencialmente un estudio del comportamiento cooperativo, no del conflicto interpersonal”. Véase G. Tullock, “The economics of conflict”, en G. Radnitzky y A. Weinberg (eds) Universal Economics: Assessing the Achievements of the Economic Approach (Nueva York, 1992), pág. 301. Véase también S. Strange, ‘What is economic power and who has it?’, International Journal 30 (1975): 222-3.

(19) Dado que el problema está lejos de resolverse adecuadamente incluso hoy, sería injusto esperar que List nos proporcione una respuesta definitiva. Compare:

Entre las muchas cuestiones relativas a la acumulación de capital, se ha dicho que la siguiente es la más importante. ¿Según qué reglas deberían determinarse las elecciones entre procesos de producción directos e indirectos, es decir, cuándo podemos decir que es eficiente ahorrar hoy para incrementar el consumo futuro?

(Malinvaud, 1953: 233).

La teoría económica proporciona criterios prácticos para las decisiones de inversión, por ejemplo, la tasa de rendimiento del capital, pero aún existen grandes lagunas en la comprensión de los procesos de inversión y las decisiones morales que implican. Las soluciones económicas actuales se expresan ahora en gran medida en la ‘regla de oro de la acumulación de capital’ según la cual cada generación debería invertir, en nombre de las generaciones futuras, la parte de sus ingresos que hubiera deseado que las generaciones pasadas invirtieran en su propio nombre (Niehans, 1990: 460-5). Esta “regla” captura adecuadamente el punto de vista individualista de la teoría económica contemporánea.

(20) El ideal de economía nacional surge con la idea de naciones. Una nación es el medio entre los individuos y la humanidad, una sociedad separada de individuos, quienes, poseyendo un gobierno común, leyes comunes, derechos, instituciones, intereses, historia común y gloria, defensa común y seguridad de sus derechos, riquezas y vidas, constituye un cuerpo, libre e independiente, siguiendo solo los dictados de sus intereses, en lo que respecta a otros órganos independientes, y con poder para regular los intereses de los individuos que constituyen ese cuerpo, con el fin de crear la mayor cantidad de bienestar común en el interior y la mayor cantidad de seguridad con respecto a otras naciones. El objeto de la economía de este organismo no es solo la riqueza y la economía individual y cosmopolítica, sino el poder y la riqueza, porque la riqueza nacional es aumentada y asegurada por el poder nacional. Por lo tanto, sus principios rectores no solo son económicos, sino también políticos.

(List, 1827: 162)

(21) Las concepciones de List sobre el papel del Estado en la esfera de la infraestructura de transporte – la construcción de carreteras y ferrocarriles – es otro tema que también puede revelar sus puntos de vista sobre las funciones económicas del Estado. Véase Henderson (1983), Kitchen (1978: 48-56) y Earle (1943).

(22) De la introducción de List al Sistema Nacional de Economía Política; véase Hirst (1909: 313). De hecho, afirmó que Hungría, cuyos políticos legitiman sus acciones con sus teorías, adoptó una política comercial que es demasiado proteccionista y puede dañar sus intereses económicos (Hirst, 1909: 95-6). Manoilescu (1931: 240-51) criticó duramente su enfoque moderado de la protección.

(23) Al enfatizar la importancia del capital humano, List probablemente podría haberse beneficiado y apoyado a los cameralistas.

(24) Sobre el trasfondo de la negligencia generalizada del estudio del nacionalismo económico, destacan notablemente los estudios de Burnell (1986) y de Seers (1983).

(25) Este argumento se desarrolló con más detalle en mi artículo ‘The European Union and economic nationalism – from antithesis to synthesis’ (La Unión Europea y el nacionalismo económico: de la antítesis a la síntesis), presentado en la Cuarta Conferencia Internacional Bienal de la Asociación de Estudios de la Comunidad Europea, 11-14 de mayo de 1995, Charleston, Carolina del Sur.

(26) Un argumento similar, pero desde el punto de vista del desarrollo regional, fue planteado por Amin y Thrift: ‘Argumentamos que la globalización no representa el fin de las distinciones territoriales y el carácter distintivo, sino un conjunto adicional de influencias sobre las identidades económicas locales y capacidades de desarrollo’ (Amin y Thrift, 1994: 2).

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