LA PUBLICACIÓN DE MI LIBRO EN CHILE. Por Aleksandr Dugin

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La publicación en Chile de mi libro con textos sobre América Latina es un evento simbólico para mí.

En la imagen del mundo que describo y defiendo, el principio fundamental es la multipolaridad, es decir, la organización de las relaciones internacionales, en las que los principales actores no son los Estados, sino las civilizaciones. Y una de esas civilizaciones, en mi opinión, debería ser América Latina, no en partes, sino en su totalidad. Esa fue la idea de Bolívar y sus compañeros durante la primera fase de descolonización. Un visionario general Perón planteó ideas similares en la siguiente fase histórica, proponiendo un proyecto para unir Argentina, Brasil y Chile en un solo bloque geopolítico. En mi opinión, hoy es la hora del tercer giro: la finalización del proceso de descolonización y transformación de América Latina en un polo independiente de la humanidad, en la civilización, en el Gran Espacio (Grossraum) en la óptica de Carl Schmitt.

 

Estas ideas se expresan en el libro Teoría de un Mundo Multipolar, y en otro importante libro, que ya ha tenido varias ediciones en español y portugués, La Cuarta Teoría Política. Ahí yo doy una visión detallada de lo que debería ser la visión política del futuro mundo multipolar – mas allá de las viejas ideologías eurocéntricas y profundamente coloniales (racistas en sentido amplio) del Modernismo – el liberalismo, el comunismo y el nacionalismo.

El Modernismo Europeo coincidió con la colonización no por casualidad. Fue una especie de plaga ideológica que se extendió con el Imperio Británico en vastos territorios. Y como ha remarcado Carl Schmitt, este proceso de modernización, con su materialismo, utilitarismo, ateísmo y tecnocracia inherentes, se hizo irreversible precisamente cuando Gran Bretaña finalmente derrotó a España en la histórica guerra de dominación sobre los océanos del mundo. Por supuesto, la colonización española también fue eurocéntrica y tuvo muchos rasgos negativos. Sin embargo, seguía siendo una Europa tradicional, una Europa cristiana y, en cierto sentido, romántica, caballerosa y heroica, la Europa premoderna. Y para el espíritu de la Tradición, las colonias no podían existir en el sentido moderno y anglosajón de la palabra – eran provincias, junto con las que formaban parte del estado – por ejemplo, el Imperio Romano, como las conquistas continentales. Así es como se formó Las Españas, que comprende dos vice-reinos situados en el continente americano. América Latina — y el Sur y el Centro — son rastros de una sociedad tradicional, mientras que las colonias anglosajonas — y la más exitosa de ellas, los Estados Unidos, fueron originalmente construidas como sociedades modernas. Esto también tuvo un impacto en la descolonización – los EE.UU. no sólo se liberaron de su metrópoli durante la Guerra de la Independencia (1775-1783), sino que construyeron el estado más avanzado de la Modernidad basado en lo que yo llamo la Primera Teoría Política (el liberalismo como la ideología más perfecta del capitalismo). Los países de América Latina, en su lucha por independizarse de Europa, tomaron un camino diferente, buscando su identidad principalmente en aquellas ideologías que de una u otra manera se oponían al liberalismo y a la geopolítica anglosajona – esta vez no sólo frente al Imperio Británico directamente, sino también frente a los Estados Unidos, que, en línea con la doctrina de Monroe, reclamaban la hegemonía en ambas Américas. Sin embargo, desde mi punto de vista, esta descolonización de América Latina no ha sido llevada a una conclusión lógica. En parte debido al hecho de que esta lucha todavía estaba dominada por la Modernidad (a veces en forma de socialismo, a veces en forma de nacionalismo), y en parte debido a la división del continente latinoamericano en un número de estados nacionales, cuyas contradicciones estallaron siempre cuando los procesos de descolonización alcanzaron una línea críticamente peligrosa para los anglosajones. En esto es en lo que debería basarse la última – tercera – ola de descolonización de América Latina. Por eso es tan importante la “Cuarta Teoría Política” y su crítica radical del eurocentrismo y el modernismo, con todas sus ideologías incluidas. Estoy convencido de que para completar la descolonización y (re)construir una civilización latinoamericana original y única, los pueblos de América del Sur y Central deben superar las contradicciones nacionales y alcanzar un nivel de pensamiento geopolítico e ideológico totalmente nuevo. La lucha por su identidad no puede tener éxito mientras se lleve a cabo a nivel de los estados individuales y se base en ideologías de alguna manera conectadas con la Europa Occidental Moderna (ya sea el liberalismo propiamente dicho, el principal instrumento de la hegemonía capitalista, el socialismo materialista y ateo o el nacionalismo burgués). América Latina en su conjunto debería realizarse como una civilización independiente, mas allá de las fronteras nacionales y de los estrechos límites de las ideologías políticas de la Modernidad. De eso se tratan mis textos y estudios dirigidos a los pueblos de América Latina. Hago un llamamiento a los pueblos de América Latina para que busquen o incluso creen su verdadera identidad, no sólo para insistir en sus especificidades culturales e intereses geopolíticos, sino también para llegar a la perspectiva ontológica común. El antropólogo brasileño moderno, Eduardo Viveiros de Castro, habla de multinaturalismo (o perspectivismo), es decir, la multitud de naturalezas con las que operan las diferentes civilizaciones. Y entre estas naturalezas, así como entre estas culturas, nadie puede pretender conocer la verdad universal – ni Occidente, ni Oriente, ni la Modernidad, ni la Antigüedad o el Arcaico. Cada civilización lleva consigo no sólo ideas sobre un sujeto normativo (cultura), sino también un objeto normativo (naturaleza). Todo esto requiere una profunda descolonización – y ante todo decolonialización de la conciencia. Se trata de un difícil proceso de liberación de lo Arqueomoderno, que es el destino de todas las sociedades no occidentales o no totalmente occidentales, que combinan dolorosamente elementos arcaicos y auténticos con préstamos del paradigma moderno que domina la escala planetaria. Este paradigma hoy en día es el liberalismo global. Así que deshacerse de lo Aqueomoderno y adquirir la propia identidad sólo es posible en el curso del rechazo radical de esta – ¡otra vez anglosajón! – ideología, que hoy en día actúa como un instrumento de colonialismo de un nuevo tipo – la globalización. He escrito mucho sobre la búsqueda de la identidad de los pueblos de América Latina en mis textos y he hablado repetidamente en mis conferencias, discursos y entrevistas. Pero este es sólo el primer acercamiento a un tema fundamental. Mi vista sigue siendo una vista exterior, una vista ruso-euroasiática, amigable y cuidadosa, pero aún así externa. La tarea de (re)crear un Logos latinoamericano completo depende de los propios latinoamericanos. Nosotros, partidarios del mundo multipolar y sinceros amigos de América Latina, sólo podemos ayudar en la medida de nuestras fuerzas. Pero para derrocar la hegemonía liberal y completar la gran causa de liberar a los pueblos de América del Sur de todo tipo de presiones coloniales – en la economía, la cultura, la política, etc. – esto sólo puede ser hecho por ustedes mismos – los portadores de una asombrosa, flexible y hermosa civilización latinoamericana. Mis ideas son bastante conocidas hoy en día en Brasil, Argentina, Perú, Colombia, Venezuela, Uruguay, México. Mis diversas obras y colecciones de artículos se han publicado en estos países. Pero en Chile, mis textos se publican por primera vez. Este es un momento muy feliz para mí, ya que Chile es una parte importante del continente latinoamericano, sin cuya participación no hay ninguna posibilidad de llevarse a cabo en la construcción del Gran Espacio Latinoamericano. Chile tiene una historia trágica en la Nueva Era. La colonización no siempre fue bien recibida por las tribus autóctonas. En el siglo XX, Chile conoció los períodos de predominio de cada una de las tres ideologías de la Modernidad: liberalismo, socialismo y nacionalismo, pero es evidente que ninguna de estas ideologías no responde a los intereses profundos fundamentales de los chilenos y sólo trae consigo nuevas contradicciones, conflictos y desastres. El destino de Chile se encuentra sólo en la Cuarta Teoría Política y en la lucha común de todas las sociedades latinoamericanas por su verdadera libertad, identidad e independencia. Espero que mi libro, publicado en Chile, sea un momento importante en la sagrada causa de la lucha por los altos ideales, por un orden mundial multipolar justo y por la superación de la crisis irreversible en la que ha entrado gradualmente la civilización capitalista durante la catástrofe final. El mundo unipolar se ha colapsado. Y ahora cada civilización debe asumir la responsabilidad por sí misma y por la humanidad.