Profundo sur, poema de Juan Pablo Vitali.

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(Video producido por Dennim Cancino)

Somos la marca del silencio sobre los parques.

Somos los fantasmas de los lobos que cruzaron el mar sin osamenta ni pelaje.

Somos la travesía crepuscular de los abuelos.

Somos las armas herrumbradas en los arcones sobre banderas de ceniza.

Somos la lápida que cruzó el mar sin los huesos de su nombre. Somos una frontera interior y movible.

Somos la enramada que vio cruzar el ciervo furtivo y la flecha perseguidora.

Somos el amor que llegó tarde y se esfuerza en fortalecer el tiempo reducido.

Somos la gringa de manos castigadas, a la que dejó sola con sus hijos un hombre que no la merecía.

Somos las galerías y su luz extraña entre las plantas.

Somos el soldado que volvió como fantasma y se instaló etéreo en las cercanías de su antiguo hogar.

Somos un tiempo y un espacio que no responde a fronteras convencionales.

Somos una nación de libros ajados, viejas fotografías y casonas blancas desoladas.

Somos el tren que perforó la dimensión única de la llanura y se detuvo en el centro de la esencia sudista.

Somos la misma gente de a caballo bajo la misma arquitectura, desde el Norte Polar hasta el Sur austral.

Somos la amable transformación del odio intraeuropeo, en una sola y única bandera de Ultramar.

Somos el retorno atávico a los dioses que nuestros antepasados una vez honraron.

Somos la vibración de una moto o de un tractor en la granja familiar.

Somos el galpón donde se gestaban los secretos. Somos el águila furtiva y la vegetación que divisa el desembarco de una sangre afín.

Somos el navío que retorna y el submarino que se clava en el útero azul de la memoria.

Somos la red de dolor que nos castiga y nos lleva a la dura decisión de ser sólo la sangre y nada más.

Somos la ruta nueva que oye un piano por primera vez.

Somos el nombre sagrado y secreto que sólo se dice una vez al oído de la gente de nuestra hermandad.

Somos el entramado de clanes sumamente antiguos, cuyos símbolos han sido prohibidos sin saber que las leyes del cosmos no respetan esa prohibición.

Somos la marca de fuego y el tatuaje en los brazos cansados de un jefe tribal. Somos el águila de Roma que ha surcado la historia.

Somos los aqueos en busca del sol.

Somos los celtas y sus druidas, los germanos y sus runas.

Somos Shiva, Thule, Agharta, Arjuna dialogando con su amigo el dios.

Somos la diáspora de los barcos y el centro de la tierra interior.

Somos la expresión total del idioma con la que Zaratustra habló.

Somos los viajeros que fueron tejiendo la red invisible y oscura de otro sol.

Somos barcos encallados en el hielo, lobos cuya sombra se refleja en el cielo.

Somos lo que sigue después del final.

Somos el trazado y la consagración de cada ciudad.

Somos los gemelos arrojados a la muerte, que encontraron su orilla después de mucho andar.

Somos la manada de ciervos en el bosque y la manada de caballos horadando el amanecer.

Somos el silencio profundo de la nieve y del acantilado, la pisada blanca que ilumina la sierra y el mar.

Somos lo que hiela la sangre al enemigo. Somos lo que se disuelve y se vuelve a materializar.

Somos los objetos antiguos sumergidos en las tinieblas de una casa por demoler.

Somos la última sangre del bisabuelo, sobre el metal de la navaja que ahora nosotros mismos vamos a usar.

Somos la carga de la caballería y la dura infantería de la guerra confederal.

Somos la última religión humana y la primera de la raza por venir.

Somos el profundo y blanco Sur que ciega con su espíritu toda oscuridad.

Somos lo que no puede explicarse con derrotas ni victorias: Una nación cuyas leyes, ninguna lluvia de fuego ha podido borrar.

– Juan Pablo Vitali

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