Saint-Loup, el cantor de un nuevo mito. Por Gonzalo Soaje

Print Friendly, PDF & Email
Ilustración de la portada de Nuevos cátaros para Montsegur por Will Allen.

(Extracto del estudio preliminar de la nueva publicación de Ignacio Carrera Pinto Ediciones, Nuevos cátaros para Montsegur de Saint-Loup).

“Ser joven, ser un hombre nuevo en esta Francia con el corazón seco, con el rostro ahora arrugado por las lágrimas y que se sienta en su propia casa como esas viejas campesinas que ya no esperan nada de la vida, es tener las cualidades que Francia ha perdido: la generosidad del corazón, la confiada ingenuidad del espíritu, el sentido y el gusto por la aventura. […] A los quince años, el joven está en condiciones de asumir sus responsabilidades; todavía se puede amasar con esta nueva sustancia que formará al hombre de la nueva Europa. A los treinta y cinco, con algunas excepciones, el hombre sigue siendo prisionero del Viejo Mundo que lo ha moldeado a su antojo. Entre el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo no puede haber compromiso” – Marc Augier (Saint-Loup), Jeunesses d’Europe, unissez-vous! (Jóvenes de Europa, ¡uníos!), discurso pronunciado el 17 de mayo de 1941 en París.

En su ensayo La huida de la imaginación, el crítico español Vicente Luis Mora describe cómo el “relativismo posmoderno” bajo el cual “vivimos encarcelados nos impide decir que unas cosas son mejores que otras, que unas ideas son mejores que otras, que unas personas son mejores que otras”[1]. Para Mora, la “corrección política inherente a ese relativismo, una de las pestes endémicas de la cultura de nuestra época, también invita a rechazar el incontestable hecho de que las malas personas pueden hacer grandes cosas, o tener buenas ideas”[2].

Para efectos de la hegemonía cultural neoliberal, un escritor como Marc Augier (1908-1990), más conocido por su seudónimo Saint-Loup, es una “mala persona”. Más aún, es una persona que defendió “malas ideas” con su vida, tanto literalmente, al combatir en la Segunda Guerra Mundial, como a través de su obra literaria. En un momento cultural en que se suele recelar de los llamados escritores comprometidos y se asigna a priori un carácter panfletario a su arte, Saint-Loup parece extemporáneo, un autor político y movilizador en una época que hace de lo apolítico y la desmovilización una condición de existencia.

Nacido el 19 de marzo de 1908 en Burdeos, Augier perteneció a una familia de la pequeña burguesía bordelesa. Su padre, dueño de una planta de cemento, era protestante, mientras que su madre era católica. Ello tal vez explique que Augier no fuera bautizado así como su idiosincrática orientación religiosa en la adultez. Graduado del Liceo Víctor Hugo en 1926, ingresó a estudiar derecho a la Universidad de Burdeos. En su tiempo libre, comenzó a expresar los intereses que caracterizarían su vida: una vocación por la aventura que primero se manifestó en su pasión por las motos –motivo recurrente en varias de sus novelas– y una afición por escribir que lo llevó a colaborar en revistas como L’Illustration, Sciences et voyages, Le Miroir des Sports y el periódico Le Petit Parisien. Por esos mismos años, obtuvo una beca para aprender a volar y efectuó una veintena de vuelos antes de realizar un aterrizaje forzoso del que salió ileso.

Tras abandonar la universidad, trabajó como mecánico y fundó un club de motociclistas en 1928, año en que cruzó Andorra y recorrió los Pirineos en motocicleta, una de sus primeras grandes incursiones montañesas. Este último viaje constituyó el tema de su primer artículo publicado, que apareciera en julio de 1928 en el diario La Dèpêche du Midi. Tras cumplir su servicio militar, Augier se dedicó a escribir artículos sobre sus travesías por Europa y el norte de África. Como parte de un reportaje en L’Illustration, departió con la Legión Extranjera en Marruecos y recorrió en moto el Sahara occidental y las cumbres del Atlas, a más de cuatro mil metros de altura.

La fascinación de Augier por los deportes mecánicos como el motociclismo y la aviación iba de la mano con una pasión por la naturaleza y en especial por el montañismo. La conjugación de estas aficiones derivó en un deseo de formar comunidad y de invitar a su generación a encontrarse en la intemperie mediante la actividad física y la camaradería. Estos temas también son las coordenadas en que se mueve la mayor parte de su obra literaria y periodística en las siguientes dos décadas.

En su afán por buscar alternativas al mundo burgués, Augier milita en la Section française de l’Internationale ouvrière (Sección francesa de la internacional obrera, SFIO), predecesora del actual Partido Socialista francés. En 1933, se hizo miembro del Centre Laïque des Auberges de Jeunesse (Centro Laico de Albergues Juveniles o CLAJ), una respuesta de izquierda y secular a agrupaciones católicas francesas de albergues y esparcimiento juveniles así como a las organizaciones de esparcimiento para jóvenes de los gobiernos fascistas en Alemania (Kraft Durch Freude o Fuerza a través de la alegría) e Italia (Dopolavoro o post trabajo).

La idea de organizar a la juventud a través de una red de albergues se puede trazar al movimiento alemán de fines del siglo 19 conocido como los Wandervogel (aves errantes), nacidos de una tradición romántica que idealizaba el regreso a la naturaleza o la tierra. Adaptado a distintas particularidades nacionales, el concepto ayudó a fomentar la solidaridad entre la juventud europea sustentada en la vida comunal y el viaje como instancia de desarrollo personal y hermandad. La dimensión continental de los albergues juveniles como movimiento juvenil que trascendía las fronteras también aportó a la idea de la unidad de Europa como proyecto político.

El CLAJ fue fundado en junio de 1933 por Cécile Grunebaum-Ballin, quien ocupara un puesto directivo hasta su disolución en 1940. Su marido, Paul Grunebaum-Ballin, fue uno de los fundadores del Frente Popular en 1936 y asesor del futuro Primer Ministro francés Léon Blum. La pareja fungió de padrinos políticos de Augier y ayudó a ubicarlo en la Secretaría de Deportes y la Recreación, donde trabajó hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Durante ese período, Augier también se constituyó en un nexo no oficial entre la SFIO y el CLAJ, donde los socialistas y el Partido Comunista francés ejercían influencia. En 1935, Augier fue nombrado editor de la revista mensual del CLAJ, Le Cri des Auberges de Jeunesse (El grito de los albergues juveniles), la que editó hasta la primavera de 1940 y que llegó a tener una circulación de 30 mil ejemplares.[3]

La experiencia del CLAJ asentó la pasión de Augier por la vida al aire libre así como un creciente desencanto con la ciudad y la modernización caótica que representaba para él. Una de las lecturas predilectas de Augier por esos años fue el escritor Jean Giono y sus historias sobre el mundo rural de Provenza. Giono publicó su primera novela, Colline, en 1929 y se convirtió en uno de los autores más populares de Francia. Tras su experiencia como combatiente en la Primera Guerra Mundial, promovió el pacifismo y la idea de regresar a la tierra y abandonar el estilo de vida urbano. Este rechazo al mundo moderno tuvo un fuerte influjo sobre Augier y su generación, en especial para quienes participaban en el movimiento de alberguistas (conocidos como “ajistes”, en referencia a los auberges de jeunesse). Una de las novelas de Giono más leídas por los ajistes fue Que ma Joie Demeure (Que perdure mi alegría, 1935), que trata de un joven citadino que revive una comunidad rural en decadencia. Más tarde, Giono ayudaría a crear los Auberges du Monde Nouveau (Albergues del Mundo Nuevo), una vertiente radical del CLAJ que hizo del regreso a la naturaleza el centro de su plataforma.

Tras la publicación de esta novela, Giono se fue a vivir por un año a la meseta de Contadour, cerca de su pueblo natal de Manosque, junto a cuarenta amigos y seguidores. En el otoño de 1935, inauguró una serie de coloquios semestrales que se prolongaron hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial para discutir la posibilidad de refundar la sociedad en base a la agricultura tradicional y la preservación de la herencia folclórica.

Los llamados Encuentros del Contadour aportaron un componente antimodernista al ideario vitalista de Augier. “Los comunistas adoraban a Lenin, pero nosotros teníamos a Giono. Nos acercamos a la divinidad en la meseta de Manosque”, escribió Augier para la revista Europe-Action en 1965[4].

Contadour también llevó a jóvenes ajistes a dar un paso más allá de las reuniones testimoniales y asentarse permanentemente en el campo. Dos de ellos intentaron revivir la aldea montañesa abandonada de Trevignon en la Provenza rural. Sorprendido por las condiciones de vida austeras de los colonos, Augier escribió un reportaje titulado S.O.S. Village de France en que describe su visita a Trevignon. “Sentado junto al fuego, con una taza de té caliente en la mano, me sentí libre del frío, del cansancio, casi de la soledad”, relata. “Y en el orden de las emociones estéticas me siento casi satisfecho. Me encuentro a tres horas de caminata de cualquier aglomeración humana, bajo un techo derruido abandonado por una generación de granjeros que dos compañeros de la ciudad están intentando reemplazar. Son jóvenes, felices y osados”.[5] 

Más allá de la experiencia individual, para Augier lo importante era probar la validez de los principios discutidos en abstracto en Contadour. “El regreso a la tierra del que tantos de nosotros hablamos desde que la gran voz de Giono nos hizo un llamado, hombres de buena voluntad, tenemos que interpretarlo, adaptarlo a las necesidades y posibilidades de los ajistes”, escribe. “Podemos no solo instalar hostales, sino también aldeas ajistes que florecerían cada primavera. (…) Aquí yace el nuevo mundo aún por construir sobre las ruinas de un mundo rural que fue profundamente destrozado por los errores inconmensurables de la civilización de acero. Esta es una oportunidad única de restablecer el equilibrio entre las colectividades rurales y urbanas, para prepararnos para una cohabitación más armónica entre los jóvenes campesinos y los obreros industriales”.[6]

Un motivo recurrente en los escritos de Augier sobre el movimiento ajiste es la aniquilación del mundo rural a manos de la industrialización y la denuncia de un progreso sustentado en el desarraigo y la atomización. En su añoranza por restaurar un modo de vida y a la vez dialogar con las condiciones modernas se observa el germen del socialismo nacional que Augier articularía más adelante.

En 1936, Léo Lagrange, subsecretario de Estado para el Deporte y la Recreación del gobierno de Léon Blum, nombró a Augier como enviado diplomático para representar al movimiento alberguista. En sus viajes por Europa, Augier estableció contactos con los movimientos juveniles de distintos países del continente. El nivel organizacional de las entidades alemanas le produjo especial admiración. Augier ya había cruzado Alemania en motocicleta en 1929 y sentía una particular afinidad con el país. Pese a que Alemania era constantemente criticada en la prensa francesa, ello no se condecía con lo que Augier observaba. En su novela sobre su experiencia en el movimiento ajiste, Les copains de la belle étoile (Los compañeros de la bella estrella), describe a un grupo de jóvenes alemanes “sonrientes y orgullosos como si la pequeña tropa acabara de descender de los nichos de piedra de las catedrales góticas después de siglos de espera, como si ‘los tiempos hubieran llegado’” y relata cómo su alter ego ficticio, Paul Marcheron, es “testigo del nacimiento de una comunidad única en Europa, de una generación de hombres-maestros preparados para todas las batallas de la vida, el amor… y, si es necesario, la guerra”.[7] 

Junto con Giono, la otra figura clave en el itinerario político de Augier es el escritor católico Alphonse de Châteaubriant[8], a quien conoce en 1937. Ese mismo año, Châteaubriant publicó La Gerbe des Forces (El haz de fuerzas), ensayo en forma de bitácora de viaje donde describe las preocupaciones de un sector de la sociedad francesa principalmente joven y desencantado ante la inoperancia del sistema parlamentario, la decadencia de la nación a manos del liberalismo, y la política del Frente Popular. Al igual que el escritor fascista Pierre Drieu la Rochelle, Châteaubriant cree que la salvación de Francia pasa por una regeneración moral y en su caso particular ve al nacionalsocialismo alemán como el movimiento que encarna ese ímpetu.

Durante el Segundo Congreso Mundial de la Juventud, celebrado en Nueva York en agosto de 1938 y al que Augier asistió como delegado por Francia, la hostilidad general hacia el gobierno de Adolf Hitler y sus aliados así como el tono beligerante de un discurso de la primera dama estadounidense, Eleanor Roosevelt, llevaron al joven escritor a abandonar el encuentro. Augier consideró que detrás del marcado antifascismo del congreso había una influencia comunista. Pese a seguir siendo pacifista y oponerse a una guerra con Alemania, Augier concluyó que el comunismo solo iba a ser detenido por la fuerza.[9] Para ese entonces, el CLAJ contaba con cerca de 37 mil miembros.[10]

En el invierno de 1938, Augier y uno de sus camaradas ajistes, Edouard de Thuisy, efectuaron una expedición en esquí a través de la Laponia finlandesa. La experiencia es relatada en su libro Solstice en Laponie (Solsticio en Laponia)[11], un híbrido de novela, reportaje y etnografía publicado dos años más tarde. Para Augier, lidiar con el clima extremo de Laponia era una prueba de heroísmo. La región constituía una expresión mundana del vacío, “una aterrorizante medida del infinito”.[12] Solamente en un entorno de esa naturaleza el hombre podría descubrir su verdadera esencia.  La ausencia de civilización en esta finis terrae ártica también les permitió a Augier y de Thuisy visualizar una Europa primigenia ajena al capitalismo y la modernidad. En el modo de vivir de los indígenas sami vieron un modelo a seguir que representaba las aspiraciones de la generación nacida durante la Primera Guerra Mundial.

“La verdad es que los hombres de mi generación, nacidos alrededor de 1914, con la primera guerra de técnicas, están en este mismo momento enfrentados a una profunda crisis existencial, y son muy distintos de aquellos que extrajeron de la primera década del siglo las certezas en sus vidas, que vivieron un matrimonio exitoso entre las riquezas naturales heredadas del pasado y las primeras maravillas de la tecnología, y que se vieron tan fascinados por esta asociación que la tormenta de 1914 jamás los despertó”, escribió Augier en 1944.[13]

Una clave de esta ruptura con la generación anterior es la vocación por el nomadismo que los seguidores de Augier en el CLAJ expresaban a través de expediciones a regiones inhóspitas. Augier veía en el nomadismo de los sami “inspiraciones sensoriales y espirituales”[14] y en las tormentas de nieve y las noches extensas un medio de trascendencia individual y de probar en el Gran Norte la resiliencia del espíritu ajiste. Para Augier, el paganismo sami era un estilo de vida auténtico acechado por la mercantilización occidental. Esta reivindicación de la identidad de los pueblos y el temor ante su evangelización se volvió un tema recurrente en su obra.

“Los habitantes de Laponia, y aquí me refiero a los nómades porque los otros, aquellos que probaron los peligrosos encantos de nuestra civilización, deben ser dejados afuera, viven en estrecho contacto con todo un complejo de fuerzas naturales que a nosotros se nos escapan por completo, puesto que nuestros sentidos perdieron su agudeza al impregnar nuestra mente de valores falsos. Toda la gama de creencias laponas (lo que hoy en día llamamos “supersticiones” con un orgullo que no parece pueda justificarse en nuestra civilización) revela una riqueza de sentimientos, una seguridad al escoger los valores del bien y el mal, en definitiva, un conocimiento de Dios y el hombre que me parecen admirables. Estos valores religiosos son infinitamente más vivos y, por tanto, más eficaces que los nuestros, puesto que están inmersos en la naturaleza, todo tiene un significado, que se expresa por medio de un conjunto de peligros, castigos y recompensas muy precisas, de unas riquezas que todo paganismo popular y poético posee y que el cristianismo ha tomado ligeramente prestado, antes de refugiarse en las abstracciones puras del alma”, escribe Augier.[15] Solo a través de estas pruebas en un entorno severo el hombre podría encontrar las “raíces de una vida heroica y estética”.[16]

La vocación nómade de Augier también explica la evolución de su concepto de identidad desde lo estrictamente nacional a lo generacional y, eventualmente, lo local y lo supranacional. El nomadismo también realza la identidad étnica tanto propia como la del otro, y articula un sentir identitario en las antípodas del impulso civilizador universalista. El filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari desarrollarían esta idea en su obra Mille plateaux (capitalisme et schizophrénie) (Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia): “La imagen clásica del pensamiento, y el estriaje del espacio mental que ella efectúa, aspira a la universalidad (…) [E]s fácil caracterizar el pensamiento nómada que rechaza ese tipo de imagen y procede de otra forma. Pues no invoca un sujeto pensante universal, al contrario, invoca una raza singular; y no se basa en una totalidad englobante, sino que, por el contrario, se despliega en un medio sin horizonte como espacio liso, estepa, desierto o mar. Se establece aquí otro tipo de adecuación entre la raza definida como “tribu” y el espacio liso definido como “medio”. Una tribu en el desierto, en lugar de un sujeto universal bajo el horizonte del Ser englobante”.[17]

Años más tarde, Augier compararía la experiencia de los combatientes de la Segunda Guerra Mundial como él mismo con las condiciones de vida en Laponia: “¿Lamentamos la falta de calefacción central, las formas modernas de vivienda? ¡No! ¿Me lamento por mi auto ahora que no hay más gasolina? ¡Para nada! Puedo vivir fácilmente sin un automóvil, pero es absolutamente imposible para mí dejar de nutrirme de esta fuente de juventud, las montañas y el recuerdo de los días abundantes que pasé bajo el cielo ártico en Laponia antes de la guerra”.[18]

Evocando al escritor francés Louis-Ferdinand Céline, Augier efectuó una síntesis del antimodernismo de Giono y la estética celiniana: “[E]s al reflexionar sobre la naturaleza de estos dos viajes a través de la noche, noche del solsticio sobre el círculo polar, noche de la guerra en un universo civilizado o así llamado, que puedo determinar, por mi parte, el sentido del amor que lleva a una concepción particular de la vida, determinar dónde se sitúa la verdadera riqueza”.[19]

La montaña, los hielos árticos y la naturaleza en climas extremos cobran en la prosa y el ideario de Augier una dimensión pagana de escenarios divinos y a la vez propicios para la transformación mística. Abrirse paso en estos ambientes requiere de un esfuerzo individual o grupal de fuerza y voluntad, pero facilitan la creación de una aristocracia forjada en la lucha y evocan una era anterior al actual vacío (o “vacío francés”, como lo denomina en otros escritos). “Al ponerme los esquís en nombre de un ideal claramente reaccionario, traté de dejar detrás de mí, en la nieve, huellas claras que conducen a lugares altos donde toda la alegría la gana con firmeza quien se aventura allí”, escribe.[20]

La visión de Augier de la naturaleza como un espacio de iniciación y trascendencia recuerda a la obra del tradicionalista italiano Julius Evola, Meditazioni delle vette (Meditaciones de las cumbres): “La montaña es espíritu para todo lo que ella implica, como disciplina de los nervios y del cuerpo, valor lúcido, desprecio del peligro y, al mismo tiempo, exacta noción del mismo, espíritu de conquista y, en suma, impulso hacia la acción pura en un ambiente de fuerzas puras”.[21] Al igual que Augier, Evola ve una finalidad que va más allá de la prueba física y de carácter: “la transformación de la experiencia de la montaña en un modo de ser”.[22]  Los hombres que viven esta experiencia en plenitud, miembros de una elite, adquieren “el sentido de que todo marchar, todo ascender, todo conquistar, todo osar, es el único medio contingente de expresión de una realidad inmaterial” y “pueden decirse a sí mismos que nunca regresamos desde las cumbres hasta la llanura”.[23] Esta vivencia “forma ya parte de la propia naturaleza, como algo que se lleva consigo por doquiera, para dar un nuevo sentido a cualquier acción, a cualquier experiencia, a cualquier lucha de la vida cotidiana”.[24]

Cuando Augier regresa a esa vida cotidiana en Francia, la contradicción entre su visión para el movimiento ajiste y la realidad burguesa del CLAJ, con una fuerte influencia de burócratas socialistas y comunistas sobre la organización, se vuelve insostenible. Este desencanto es otro de los temas de su novela, Los compañeros de la bella estrella. Como muchas obras de ficción de Augier, el componente autobiográfico informa a sus principales personajes.

En este caso, los protagonistas son dos activistas franceses que encarnan dos etapas de la vida del autor. Jean Laval es un motociclista de Burdeos que encuentra en el movimiento de Albergues Juveniles y luego en el montañismo el sentido de una vida hasta entonces marcada por el deseo de viajar. Laval “[h]abía viajado por toda Europa, el norte de África, había cruzado el Sahara, había hecho malabarismos con las fronteras. En 1930, había recorrido Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Checoslovaquia, Austria, Suiza e Italia en una semana. ¡Conocía carreteras, desde los baches de Albania y Grecia hasta las pistas arenosas de Finlandia entre los lagos, bajo la pálida luz del cielo ártico! ¿Y después? … ¿Qué quedó de esta gloria de 1928? Casi nada. Colecciones de periódicos viejos con su nombre en el papel amarillento (…)  Este lamentable regreso lo había golpeado en sus más orgullosas certezas. El universo que había construido a su alrededor con tanta fuerza se estaba desmoronando. Tuvo la cruel visión de que todo estaba construido sobre dos bases de polvo: egoísmo y soledad. Nada había salido de su gloria en 1928, nada saldría de su vida (…) Comprendió que acababa de perder la fe de su infancia y que él también esperaba ‘algo más’”.[25] 

La contraparte de Laval es el ya mencionado Paul Mercheron, activista de la comunidad ajiste y redactor en jefe de la Voix des Auberges (Voz de los Albergues). Pacifista y promotor de la amistad entre los pueblos, Mercheron rechaza la traición del espíritu ajiste por parte de sus dirigentes, quienes apoyan la guerra contra Alemania. Cuando el ideal alberguista muere, Laval y Mercheron deciden marchar a las montañas. En vísperas de la guerra, acampan en los Altos Alpes junto a otros compañeros: “En esta oportunidad nos retiraremos del mundo (…) Nos situaremos en una soledad abrumadora y grandiosa, viviremos de una manera tan primitiva como los primeros habitantes del globo. Debemos lograr la alegría comunitaria y debemos ser en medio de los peligros de la alta montaña un ejemplo vivo de solidaridad humana. Uno para todos, todos para cada uno. Creo, camaradas, que este será el campo supremo de nuestra vida ajiste”.[26]

El desencanto de sus personajes es similar al que Augier y su grupo de ajistes sintieron a fines de la década del 30. La decisión del gobierno de Blum de permanecer neutral ante la Guerra Civil española generó un quiebre entre la izquierda oficialista y la izquierda revolucionaria así como las generaciones jóvenes. Los partidarios franceses de la República no aceptaron el cálculo político de Blum de no involucrarse en un conflicto que amenazaba con radicalizar tanto a la oposición francesa como a los partidarios del bando nacional español, y fomentar su propia guerra civil en Francia. Junto con su mal manejo político, la inhabilidad de Blum para reactivar la economía agudizó la crisis. El primer ministro dimitió en junio de 1937 y el Frente Popular se disolvió al año siguiente.

El crecimiento del CLAJ se encontraba estancado y a juicio de Augier la organización había caído en una deriva “consumista”. En vez de promover el culto a la naturaleza y la actividad física así como el regreso a la tierra, el CLAJ se estaba convirtiendo en un masivo negocio hotelero. En lugar del proyecto de Augier de promover el viaje como una aventura expresada en el montañismo o las expediciones en motocicleta a través de Europa, la organización operaba principalmente como una red de hostales. Como Augier relata en Los compañeros de la bella estrella, los líderes ajistes “no podían ver el cielo cargado de tormentas. No sabían que su pequeño experimento había tenido éxito porque se limitaba a ciertas elites, que detrás de estas elites pululaba la masa de hombres ávidos de destrucción y cruda satisfacción, mediocridad, lujuria, envidia, glotonería”.[27]

Al comprobar la falta de potencial revolucionario de la izquierda democrática francesa, Augier y su círculo ajiste abandonaron el internacionalismo en favor de la otra gran corriente antiliberal que recorría Europa: el fascismo. El afán de aventura y trascendencia que vieron en el CLAJ resonaba con mayor fuerza en esta nueva ideología vitalista y telúrica. Años más tarde, Augier diría que esta evolución política también fue impulsada por una nueva visita a Alemania como representante de los albergues juveniles en 1938, así como su lectura de El haz de fuerzas de Châteaubriant.

“En 1937, yo era solo un pequeño socialista”, escribió Augier en 1975, “lleno de buena voluntad y admiración por Léon Blum, Bellanger, Lapierre y otra gente de izquierda, hombres de buena compañía además, amigos sinceros y verdaderos gigantes frente a los ‘izquierdistas’ de hoy. De repente, entre ellos y yo se levantó el último libro de Alphonse de Châteaubriant (…) Un día, abrí este Haz de fuerzas que acababa de comprar. Cuarenta y ocho horas después, me había convertido en nacionalsocialista (…) En dos días, me había convertido en uno de esos nuevos cátaros de los que iba a hablar en mis futuros libros”.[28] 

De forma similar al desencanto político y social que puso fin a la Alemania de Weimar, la idea de decadencia generalizada en Francia cobraba fuerza a medida que avanzaba la década de los 30. Las disrupciones creadas por la urbanización e industrialización así como la inoperancia del sistema parlamentario generaban un malestar que también expresaron otros escritores en la órbita de Augier.

En un ensayo sobre autores franceses cercanos al fascismo, el periodista y regionalista francés Paul Sérant caracteriza el disgusto de Drieu la Rochelle por la Francia de entreguerras como un rechazo a lo burgués. Según Sérant, Drieu, atribuye la decadencia nacional a que “los franceses no han sabido, contrariamente a otras naciones europeas, llevar a cabo aquella revolución de las costumbres que consiste en el redescubrimiento del cuerpo y de las fuentes profundas de la vida. Los franceses que, en esta primera mitad del siglo XX, se dicen de izquierda, no son más que ‘conservadores pequeño-burgueses que viven de restos anacrónicos del siglo XIX’”.[29] Sérant caracteriza este rechazo de un bon vivant como Drieu como el “horror por los racionalistas que desde hace cincuenta años van enseñando a los franceses un ideal de vida pequeña, el ideal de la economía mezquina, de la renuncia a los hijos, al perro, al aperitivo, al cine y a la pesca con lanza: ‘Y Francia envejecerá junto a vosotros –exclama–, Francia reducida a conducir vuestra vida pequeña, morirá con vuestra pequeñez’”.[30]

Fiel a su estilo mordaz, Céline rechaza con aún más disgusto a París y todo lo que representa: “¡Mejor arrojar a la ciudad entera al mar!… sobre arterias de campo para rehacer una sangre generosa, esparcirla en la naturaleza, entre el viento, entre la brisa marinera, todas las vergüenzas y excrementos de la ciudad”.[31] Para el escritor, la nación francesa ya no tiene posibilidad de redimirse y vaticina en 1938 su extinción tras una gran guerra: “Nosotros desapareceremos, cuerpos y alma, de este territorio como los galos, estos locos héroes, nuestros grandes tontorrones antepasados en futilidad, los peores cobardes del cristianismo. No nos han dejado ni siquiera una veintena de palabras de su lenguaje. Si de nosotros se conserva la palabra ‘mierda’ ya sería gran cosa”.[32]

Pero es Augier quien mejor describe en Solsticio en Laponia el desencanto de la juventud con un sistema político que no tiene nada que ofrecerle a su generación: “Vomito un cuerpo social que tiene el descaro de concederse palmas democráticas y que todavía deja a los hombres bajo los puentes de París y a los niños en cajas de jabón. No tengo nada más que decir. Que los espectadores agrupados detrás de las linternas mágicas de las fiestas falsas y las religiones falsas sigan dándose palmadas en los muslos, muy bien por ellos. Que nos sigan quienes entendieron que era hora de reconsiderar el problema del hombre y los valores que lo determinan”.[33] 

La transformación en apariencia radical de Augier y muchos miembros de su generación no es necesariamente un cambio de parecer o un abandono de los viejos ideales, sino el haber buscado esos principios a los que siempre se mantuvo fiel en el lugar equivocado. Es posible que el énfasis del movimiento alberguista en la práctica por sobre la formación doctrinal facilitara estas metamorfosis políticas. La ausencia de un contenido ideológico acabado pudo socavar la fidelidad al CLAJ o bien puede ser que la organización sencillamente no fue capaz de procesar las consecuencias lógicas del estilo de vida que promovió.

Así como su diagnóstico sobre la crisis de la sociedad francesa era común entre los miembros de su generación, la evolución política de Augier tampoco es inusual para esos años. Ello no solo se observa en la cantidad de obreros que solían votar por la izquierda y luego se afiliaron a un movimiento fascista, sino también en la trayectoria intelectual de muchos activistas políticos a lo largo de Europa.[34]

 LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

De viaje a Grecia, Augier fue sorprendido por el inicio de la Segunda Guerra Mundial. El escritor regresó a su país, donde fue movilizado e incorporado a una unidad antiaérea en Lagny-sur-Marne. En su tiempo libre, se dedicaba a escribir y en un viaje a Noyers-sur-Serein conoció a Châteaubriant en persona.

“Aquí estoy frente a Alphonse de Châteaubriant”, escribiría Augier sobre el encuentro. “Tengo 32 años y necesito creer. Después de una hora de conversación, considero que es uno de los santos de la epopeya católica; llamado, como lo desea y lo proclama, a llevar nuevos ropajes a través del gesto hitleriano. Se presenta como el conciliador de lo inconciliable”.[35]

Tras la derrota de Francia ante Alemania y el armisticio de Compiegne el 22 de junio de 1940, Augier fue desmovilizado del ejército. Se dedicó al periodismo político y a escribir para distintas publicaciones del entorno nacional como JeunesseLe Pont y el semanario político y literario Gringoire. Por esas mismas fechas, fue expulsado del CLAJ. En julio, fundó junto a Châteaubriant el semanario La Gerbe, publicación afín al nacionalsocialismo con una circulación de más de 100 mil ejemplares y financiada en parte por la embajada alemana en París. Pese a ser su redactor en jefe, Augier no era servil a Alemania ni a los colaboracionistas y deseaba que la ocupación de su país terminara. Ya en la edición de La Gerbe del 6 de noviembre de 1941, manifestaba su “voluntad definitiva de romper con toda la charlatanería de los colaboracionistas”.[36]

Su hartazgo con el conservadurismo se expresaba en un deseo de suplantar a la vieja elite francesa y reivindicar a otro tipo de hombre: “De la masa de jóvenes a cargo de todas nuestras esperanzas, lanzaremos esta nueva nobleza popular sin la cual no es concebible un renacimiento francés (…) Vimos, en junio de 1940, lo que valía una seudoelite formada por las grandes écoles. Queremos ahora que los héroes de la tierra y la fábrica, los hombres de carácter, tengan los mismos derechos”.[37]

En marzo de 1941, Augier visitó la feria de Leipzig en representación de La Gerbe junto a cientos de jóvenes franceses. Sus crónicas sobre este y otros viajes a Alemania fueron compiladas ese año en el libro J’ai vu l’Allemagne. Printemps 1941 (Yo vi a Alemania. Primavera de 1941), escrito con la juventud francesa en mente y concebido como un complemento a El haz de fuerzas de Châteaubriant. Su impresión positiva del régimen nacionalsocialista lo inspiró a fundar el grupo Jeunes de l’Europe Nouvelle (Jóvenes de la Nueva Europa o JEN) en mayo. La organización intentó agrupar a las juventudes nacionalistas francesas y operó como la rama juvenil del Groupe Collaboration, movimiento político y cultural liderado por Châteaubriant y parcialmente financiado por la embajada alemana que agrupaba a intelectuales franceses como los escritores Drieu La Rochelle y Robert Brasillach así como el escultor Paul Belmondo. El Groupe Collaboration llegó a tener cerca de 50 mil miembros. Por su parte, el JEN se componía principalmente de los núcleos ajistes que siguieron a Augier y contaba con unos 4 mil miembros activos en 1942. Augier también formó parte del buró político del Parti Populaire Français (Partido Popular Francés o PPF) de Jacques Doriot, otro líder político que pasó de la izquierda (en su caso, el comunismo) al nacionalismo y el fascismo.[38]

Al igual que sus personajes Marcheron y Laval y su fallido intento por sentar las bases de una nueva sociedad y una juventud militante, Augier rompió todo vínculo con el Frente Popular y la SFIO. Quienes lo siguieron en el JEN y sus siguientes aventuras políticas pensaban, al igual que Augier, que su labor era una continuación del experimento comenzado en los albergues juveniles. El JEN era una respuesta dinámica a la gerontocracia del régimen de Vichy, a quien Augier veía con sospecha tanto por la forma en que capituló ante Alemania como por lo que a su juicio era un gobierno que se apropiaba de cierta estética juvenil pero que carecía de sustancia. En Los compañeros de la bella estrella, su desprecio es palpable: “¿Francia eterna? ¿La gente más espiritual de la tierra? En realidad, un ejército de funcionarios tanto más ignorantes a medida que ocupan un puesto superior, una masa enorme de gente necesitada, sinvergüenza, sin ideal, aislada de todo contacto con la belleza del mundo. ¡Un país de viejos sórdidos!”.[39]

Una de las instituciones más criticadas por Augier fue Les Chantiers de la Jeunesse (Talleres para jóvenes), creada en 1940 por la Secretaría de la Juventud del ingeniero católico George Lamirand. Todo joven francés menor de 20 años debía hacer un servicio obligatorio de seis meses en estos talleres, donde se inculcaba el valor del trabajo físico y la veneración al jefe de Estado, el mariscal Philippe Pétain. Comparada con instituciones similares como las Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas), su símil francés impartía una formación doctrinaria menos ideológica y militarizada. Para Augier, sus miembros no eran “precisamente  aventureros y jamás han pronunciado una sola palabra capaz de liberar todas las energías de la juventud. En tiempos en que Francia debe cumplir su rol a través del coraje de sus grandes capitanes, sus legendarios exploradores, sus colonizadores y sus corsarios, está convirtiendo a su juventud nacional en un ejército de funcionarios”.[40]

Según Augier, el vacío doctrinario en la formación de jóvenes era reemplazado por un personalismo carente de espíritu revolucionario. Como diría en las páginas de La Gerbe, “Si la tarea de la Secretaría de la Juventud es la más pesada de todas las que pesan sobre los hombros de la Revolución Nacional, es porque debe preparar un hombre nuevo. Ninguna plataforma racial o ideológica le permite al Sr. Lamirand definir a este nuevo hombre. Los propios directores de las escuelas de administración no tienen una visión clara de este nuevo hombre; la mayoría está subordinada al personalismo. Ningún místico lleva a esta juventud desprovista del ímpetu revolucionario, primera condición para la renovación”.[41]

Augier no fue menos crítico con la École Nationale des Cadres d’Uriage (Escuela Nacional de Cuadros de Uriage), fundada en 1940 con el fin de formar a los líderes políticos del gobierno de Pétain. “¡Hay lugares donde sopla el espíritu! Lamentablemente, el espíritu que sopla en la Escuela Nacional está distorsionado por ciertos apegos ideológicos del líder, por ciertas “adherencias” con todo un orden de concepción del hombre que ha tenido su día. Cuando la gente viene a hablarme del ‘universalismo francés’ capaz de situarse por encima del concepto racial, cuando el jefe de un orden supuestamente nuevo se preocupa en mi presencia por el ‘paganismo nazi’, que podría contagiar al catolicismo francés y la espiritualidad, cuando este líder, finalmente, hace una profesión de fe a favor del ‘personalismo’, me veo llevado a notar que este líder no ha entendido nada, no sintió nada, no intuyó nada en cuanto al orden nuevo que se prepara”, escribió Augier en las páginas de La Gerbe. “Marchar hacia una comunidad poderosa formada por millones de “personas” asociadas, cada uno guardando su fe, su libertad, su vocación y todo lo que hay en el mundo, es obviamente atractivo. Desafortunadamente, la experiencia muestra que para lograr grandes cosas, los grupos históricos deben estar vinculados por una fe común y que el individuo debe abdicar de su libertad en beneficio del grupo”.[42]

Para entonces, Augier había elaborado otra pieza clave del ideario político que defendería por el resto de su vida: la meta de crear una Europa federada que trascienda a las naciones Estado jacobinas. En parte por esta aspiración política y en parte por su hastío con el reaccionarismo de los colaboracionistas, Augier y un gran número de sus seguidores se enrolaron el 29 de octubre de 1941 en la Légion des volontaires français contre le bolshévisme (Legión de Voluntarios Franceses contra el bolchevismo o LVF), creada en agosto de ese año[43]. Augier combatió a la Unión Soviética en el Frente del Este junto a la Wehrmacht, las fuerzas armadas alemanas, con el grado de Unteroffizier (sargento). En una carta fechada el mismo día en que se enroló, le explica su decisión a Châteaubriant: “Si hago ciertos sacrificios participando en una guerra, cuando no me gusta la guerra, es porque estoy convencido que el nacionalsocialismo finalmente está trayendo a Europa la realización del socialismo”.[44]

Augier llegó al Frente del Este en julio de 1942 y en el otoño cumplió funciones tanto de kriegsberichter (periodista de guerra) como de soldado de infantería en el 1er Batallón en combate contra los partisanos. En el primer capítulo de su novela Les Partisans (Los partisanos), publicada en 1943 y basada en su militancia en la LVF, describe su llegada a la Unión Soviética como una epifanía: “El tren se había detenido. Más allá del hielo uno solo puede distinguir los pinos negros que retienen un poco de la luz desvanecida. Estoy soñando. ¿Qué hace aquí, en este convoy que avanza hacia la primera línea, el otrora pacifista de los albergues juveniles? ¿Quién o qué me llevó a la violencia que solía despreciar, la forma de confrontación entre hombres que es la guerra y que toda mi generación rechazaba?”.[45] 

Herido en la pierna por una explosión, Augier fue repatriado en octubre. En junio de 1943, asumió como director de Le Combattant européen (El combatiente europeo), publicación de la LVF que él mismo había fundado el año anterior en Berlín justo antes de partir al Frente del Este. Pese a que en su nuevo rol no puede participar directamente del combate, Augier seguía viendo el conflicto entre Alemania y la Unión Soviética con el mismo fervor del voluntario: “¿De qué se trata esto? Dos concepciones del hombre se enfrentan. Por un lado, homo ratio, el hombre de la razón pura que va de Voltaire al materialismo histórico de Marx; en el otro, un tipo de homo deo, que no puedo definir de mejor forma que decir que es el hombre de la vida desinteresada, el hombre que se ignora a sí mismo por el beneficio de su prójimo, es decir, en lenguaje moderno, el hombre social”.[46]

El 3 de septiembre de ese año fue llamado nuevamente a Berlín y se conviertió en redactor en jefe de Devenir: Journal de combat de la communauté européene (Devenir: periódico de combate de la comunidad europea), publicación mensual para los voluntarios franceses que editó junto al escritor Lucien Rebatet. Asignado a la naciente Legión Carlomagno – que más adelante se convertiría en brigada y luego división – Augier se desempeñó en el servicio de información de las Waffen-SS (SS armadas) con el rango de Untersturmfüher (teniente segundo). Se estima que cerca del 20 por ciento de los miembros de la división Carlomagno perteneció al CLAJ.[47]

En febrero de 1945, fue enviado al centro de formación de la Allgemeine SS (SS General) en Hildesheim. Tras un paso por Sigmarigen, Augier partió el 11 de abril a Italia junto a otros combatientes. Saliendo de Bolzano rumbo a Milán, fueron detenidos por miembros de la Resistencia italiana y fingieron ser trabajadores forzados que deseaban regresar a Francia. Pese a saber la identidad real de Augier, un teniente de Franc-Tireurs et Partisans (Francotiradores y Partisanos), organización armada de la Resistencia francesa creada por el Partido Comunista Francés, decidió perdonarle la vida e intercedió para que lo liberaran. En mayo, Augier permaneció escondido en un monasterio en Turín y regresó a Francia dos meses después, donde fue ocultado por monjes benedictinos en París.[48] Fiel a la narrativa de Augier en cuanto a su mezcla de autobiografía y ficción, uno de los personajes de Nuevos cátaros para Montsegur (Nouveaux Cathares pour Montségur, 1969) vive una situación muy similar al final de la guerra.

NACE SAINT-LOUP

La noche comienza en el Cabo de Hornos

Tras la caída del Eje, Augier vivió en la clandestinidad en Francia e Italia. En 1946, publicó Face Nord (Cara norte), novela de alpinismo de corte pagano que firmó con el seudónimo de Saint-Loup. La obra relata la historia de un grupo de jóvenes en una escuela de montañismo y su severo instructor, Guido La Meslée, quien les enseña sobre los dioses escandinavos de la montaña en desmedro de una formación cristiana.

El libro había sido escrito cuatro años antes durante una estadía en el hogar tirolés de la cineasta alemana Leni Riefenstahl. Su éxito de ventas permitió a Augier viajar a Río de Janeiro, Brasil en 1947 y luego establecerse en la Argentina del Presidente Juan Domingo Perón, donde fue consejero técnico para el ejército de montaña y alcanzó el rango de teniente coronel. Pese a ser condenado a muerte en contumacia por la justicia francesa a fines de 1948, Augier volvió a Europa en 1950 y se asentó en el Valle de Aosta, en el noroeste de Italia.

El 15 de mayo de 1953, Augier regresó a Francia. En diciembre, fue condenado por un tribunal militar de París a dos años de cárcel, pero se acogió a un indulto bajo la ley de amnistía de 1951. Su abogado fue Jean-Baptiste Biaggi, combatiente de la Resistencia francesa que décadas más tarde se haría miembro del Front National (Frente Nacional) de Jean-Marie Le Pen.

Durante el breve período de tranquilidad en Italia, Augier escribió sobre su paso por Sudamérica, donde recorrió desde el Aconcagua hasta Tierra del Fuego y retomó su afición por el montañismo y el esquí en la Cordillera de los Andes. Fue también cuando descubrió la región que inspiró la que para muchos lectores es su mejor obra, La nuit commence au Cap Horn (La noche comienza en el Cabo de Hornos), publicada en 1952. Una parábola sobre el colonialismo cultural y la destrucción de las culturas autóctonas, su evocación de un paisaje inhóspito y sus personajes curtidos por el frío y el viento recuerdan a la novela Cazadores de indios de Francisco Coloane, así como a la narrativa de Jack London. Ambientada en el siglo 19, la obra, firmada nuevamente con el seudónimo de Saint-Loup, relata la historia del misionero escocés Duncan MacIsaac y su intento por imponer sus creencias – y su civilización – a los onas de Tierra del Fuego. Al igual que con los sami en Solsticio en Laponia, los selknam en La noche comienza en el Cabo de Hornos, o las patrias europeas en obras posteriores, el derecho a la diferencia y el desarraigo de los pueblos originarios es un tema recurrente en la novelística de Saint-Loup.

Retomando también un motivo de Cara norte, Saint-Loup explora el choque entre el cristianismo y el paganismo, en este caso a través de la futilidad de implantar una doctrina universal en desmedro de la tradición particular. MacIsaac invita a los onas “a la casa de un Dios que no conoce de fronteras ni de desigualdades entre los hombres (…) Todos los hombres son hermanos. ¡Yo los coloco bajo la protección del Dios de Israel!”.[49] Sus palabras y sus enseñanzas no conmueven al mago ona Makon-Auk, quien le responde a través de un traductor: “Makon-Auk dice que los hombres no son hermanos, porque cada uno tiene que defender su terreno de caza para no morir de hambre (…) [L]os hombres no son iguales, porque unos nacen fuertes y otros débiles, y el pastor no podrá cambiar nada de esto…”.[50]

La novela, que en ediciones más recientes lleva el subtítulo “Un génocide de droit divin” (Un genocidio de derecho divino)[51], es la obra de Saint-Loup que tuvo mejor recepción entre la crítica francesa. Las reseñas favorables se sucedieron en publicaciones del sector nacional como Rivarol y Écrits de Paris al igual que en las asociadas a la Resistencia como France Soir, donde se le consideró una de las “diez mejores novelas francesas de la posguerra”.[52] El libro también tuvo muchos lectores en Argentina y Chile, donde fue editada en 1956 por Zig-Zag en una traducción del poeta chileno Jacobo Danke, seudónimo de Juan Cabrera Pajarito.

Junto con la evocación de espacios físicos y psicológicos abisales – que llevó al ensayista Jean Mabire a describir la novela como “un aliento que venía de otro mundo, del otro lado de la tierra”[53]– La noche comienza en el Cabo de Hornos posee un subtexto anticolonialista que prefigura uno de los grandes temas políticos de la década del 50 en Francia. El autor regresaría a este tópico en obras como Nuevos cátaros para Montsegur. Es posible que junto a sus méritos literarios, la novela también generara atención por apelar al zeitgeist europeo de posguerra.

A fines de 1953, se supo en los medios franceses que La noche comienza en el Cabo de Hornos era candidata al premio Goncourt, uno de los galardones literarios más importantes de las letras europeas y el más antiguo de Francia (1896), otorgado cada año “al mejor libro de imaginación en prosa”. Entre los ganadores del Goncourt se cuentan Châteaubriant (1911), Marcel Proust (1919), André Malraux (1939), Simone de Beauvoir (1954), Patrick Modiano (1978), Marguerite Duras (1984), Jean Echenoz (1999), y Michel Houllebecq (2010). 

Cuando Francis Carco, uno de los diez miembros de la Academia Goncourt, sugirió premiar a la novela de Saint-Loup, la recepción entre sus pares fue positiva. Según Mabire, otro jurado, la escritora Sidonie-Gabrielle Colette, llamó al director literario de Librairie Plon, la editorial de Saint-Loup, para decirle que la novela ganaría el premio Goncourt de 1953.[54]

Le Figaro Littéraire publicó un reportaje en que revelaba la identidad de Saint-Loup y describía su rol de redactor en jefe de La Gerbe y combatiente en el Frente del Este, así como su condena a muerte en contumacia. El 4 de diciembre de 1953, distintos medios publicaron la declaración de otro juez del Goncourt, el dramaturgo Armand Salacrou, en que aseguró estar indeciso entre dos escritores: Saint-Loup, “a pesar de los chismes”, y Pierre Gascar.[55] Ese mismo día, un oficial de inteligencia obtuvo el expediente judicial de Marc Augier/Saint-Loup en el Tribunal Militar francés de Reuilly y más tarde puso en antecedentes al juez del premio Goncourt, Roland Dorgelès. El 6 de diciembre, Dimanche Matin publicó una crónica con el título: “¿Será el undécimo invitado un inspector de policía?”. En ella relataba cómo un oficial visitó a la mayoría de los jurados del premio Goncourt y les recomendó “evitar coronar a Saint-Loup”, un individuo que supuestamente vivía escondido en Sudamérica.[56]

El lunes 7 de diciembre, los jueces otorgaron oficialmente el premio a Pierre Gascar. Colette fue el único voto disidente. Años más tarde, Saint-Loup reflexionaría sobre el incidente. “Los Goncourt valen lo que vale su época,” escribió en la introducción de una reedición de La noche comienza en el Cabo de Hornos. “El affaire Saint-Loup – Premio Goncourt es secundario. Lo principal está (…) en la crítica de la evangelización llevada a cabo en Tierra del Fuego”.[57]

El periodista e historiador Henri Amouroux lamentaría un mes después del fiasco del Goncourt sobre cómo “este libro, que considero un muy buen libro, no pudo recibir la consagración de un premio literario. Todo en primer lugar porque su verdadero autor (Saint-Loup es de hecho solo una máscara), tuvo algún problema en la Liberación, pero sobre todo porque La noche comienza en el Cabo de Hornos ataca un tabú y aceptar la tesis de Saint-Loup lleva a cuestionar las reglas de conducta del mundo moderno. Aquí está la tesis expuesta con deliberada brutalidad. La ‘colonización mística’, la evangelización realizada por misioneros en tierras infieles conduce, casi siempre, a un terrible mal en lugar del bien deseado. Detrás de los misioneros llegan los funcionarios, los soldados, los comerciantes de alcohol, los reclutadores, los recaudadores de impuestos (… ) Muchas iglesias o sectas, escribe Saint-Loup en la conclusión de su novela, cargan con la responsabilidad de los errores cometidos en el trabajo de evangelización, errores que conducen al crimen de ‘genocidio’”.[58]

En su reseña de la novela para Europe-Action, Mabire recuerda una conversación con Saint-Loup en que el autor le cuenta cómo la inspiración para su obra nace en 1948, cuando aprovechó su cargo de asesor técnico del ejército argentino en temas de montaña para explorar el sur de Chile. Dos años más tarde, comenzaría a escribir la novela en Courmayeur, un pueblo en el norte de Italia. “Casi todos los días nevaba. No me había ido del Cabo de Hornos”, dijo.[59]

“Con los Padres Salesianos de Magallanes entendí por qué habían desaparecido los pueblos indígenas: queríamos hacerlos vivir en un entorno que no era el suyo. Fue un verdadero genocidio. Los misioneros que habían evangelizado a estas tribus querían transgredir la ley que hace a los hombres diferentes”, reflexionó Saint-Loup en su diálogo con Mabire. “La verdadera libertad es respetar la naturaleza. Querer distorsionar países y personas es el peor crimen”.[60]

Según Mabire, en su novela “Saint-Loup demuestra –y con qué aliento épico– que el universalismo es un crimen, la religión un espejismo y que la verdadera libertad, para cada hombre y para cada pueblo, es primero el derecho a ser uno mismo”.[61]

Siete años más tarde, el fiasco del premio Goncourt se repetiría con la nominación de la novela Dieu est né en exil (Dios ha nacido en el exilio) del rumano Vintila Horia. Dios ha nacido en el exilio es un diario ficticio del poeta romano Ovidio, exiliado en la antigua colonia de Tomis. Su experiencia refleja el exilio del propio autor, quien pasara nueve meses en campos de concentración del Tercer Reich y, tras ser liberado en 1945 por tropas inglesas, decidiera no regresar a la Romania controlada por la Unión Soviética.

El autor fue víctima de una campaña orquestada por el gobierno prosoviético de Rumania, su embajada en Francia, y medios del Partido Comunista Francés como el periódico L’Humanité, del que a su vez se hicieron eco publicaciones como Le Figaro y Le Monde. Horia fue diplomático durante la dictadura del mariscal Ion Antonescu, lo que le valió ser acusado falsamente de haber pertenecido al movimiento fascista rumano Legión de San Miguel Arcángel, conocido como la Guardia de Hierro.

Si bien el reportaje de Le Figaro Littéraire sobre Saint-Loup revelaba la verdad sobre su vida, su absurdo radicaba en que el premio Goncourt se otorga por novelas puntuales, no por la obra de un autor ni menos por su conducta política. En el caso de Horia, las acusaciones que surgieron de un expediente distribuido a los medios por la embajada rumana en París y repetidas en L’Humanité por su redactor en jefe y ganador del premio Stalin, André Stil, se fundaban en una falsedad.

La otra diferencia con Saint-Loup es que, pese a la polémica, Horia sí obtuvo el premio Goncourt, pero renunció a este para no ser “motivo de disensión en un país que le quiso acoger y no hacer un deservicio a las letras francesas”.[62] La votación fue de seis votos a favor de Horia y cuatro en contra. Entre quienes se opusieron a premiarlo se cuenta Jean Giono, quien paradojalmente fuera víctima de la campaña de depuración contra los colaboracionistas por parte del régimen de Charles De Gaulle y acusado de simpatías con el fascismo. Otro de los votos en contra vino de Raymond Queneau, miembro de la junta directiva del Comité Nacional de Escritores (CNE), entidad afiliada a la Resistencia que en septiembre y octubre de 1944 publicara listas negras de escritores franceses “indeseables” como parte de una purga a autores colaboracionistas. Estas incluían a nombres como Augier, Brasillach, Céline, Jacques Chardonne, Châteaubriant, Drieu la Rochelle, Giono, Marcel Jouhandeau, Charles Maurras, Jean-Pierre Maxence, Henry de Montherland, Paul Morand, Armand Petitjean, Rebatet, y André Thérive.[63]

Tal como en el caso de Saint-Loup y Horia en Francia, los ataques contra escritores tenidos por fascistas, de extrema derecha o insuficientemente plegados a la ortodoxia política imperante continúan hasta hoy. La lista es aún más larga que la del CNE francés e incluye a nombres como el crítico literario mexicano Ramon Fernandez, militante del Partido Popular Francés de Doriot; el Premio Nobel de Literatura de 1958, Boris Pasternak, víctima de una campaña de desprestigio en su contra lanzada por la Unión Soviética; Jorge Luis Borges, por ser percibido como un autor cercano a la derecha; el Premio Nobel de Literatura del 2019, Peter Handke, por no comulgar con la agresión de la OTAN a Serbia[64]; o el portugués Lobo Antunes, candidato al Nobel el 2020 y objeto de difamación por parte del Centro Simon Wiesenthal por ser crítico de la ocupación israelí de Palestina.[65]

Los métodos varían, pero el silenciamiento de voces incómodas obedece al deseo del sistema político dominante de purgar la disidencia, homogeneizar la opinión, y eventualmente despolitizar a la sociedad, que también se expresa en la industria literaria y que convierte a escritores valiosos en parias. Es así como el Augier que regresó a Europa después de una estadía en Sudamérica devino en Saint-Loup, nombre con que firmaría la mayor parte de sus más de 30 libros y numerosos artículos. Augier explicó la adopción de su seudónimo en el prefacio de su novela autobiográfica Götterdämmerung: Rencontré avec la Bête. Témoignange, 1944-1945 (Götterdämmerung: Encuentro con la Bestia. Testimonio 1944-1945), donde relata la caída del régimen mussoliniano así como su experiencia en Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial:

Saint-Loup

Loup fue obispo de Troyes en el siglo V, cuando la ciudad fue sitiada por Atila. Negoció con él para que ella se salvara. ¡Y fue así! Acompañó al líder de los hunos a través del Rin después de su derrota de los Campos Cataláunicos[66] en el año 451 como muestra de gratitud por su pasada indulgencia. Por esta iniciativa fue acusado por Meroveo, líder de los francos salios, de colaboracionismo e inteligencia con el enemigo, y expulsado de su obispado en el que era tan popular que tuvo que ser restituido y posteriormente canonizado. Se convirtió en Saint Loup.

Por intentar proteger a Europa de Rusia, con Hitler, luchando en la Legión de Voluntarios Franceses contra el bolchevismo, Marc Augier también fue acusado por el abusivo heredero de Meroveo, Charles de Gaulle, de colaboracionismo e inteligencia con el enemigo, condenado a la pena de muerte, proscrito como escritor con 240 compañeros, entre ellos algunos inconvenientes: Giono, Abel Hermant, Sacha Guitry, Montherlant. Entonces tuve que buscar refugios. Uno lo gané como consejero técnico del ejército de montaña de los Andes, el otro en la Biblioteca Nacional donde Saint Loup me transmitió el seudónimo que ostentaba desde los tiempos de Meroveo”.[67] 


[1] Mora, Vicente Luis. (2019). La huida de la imaginación. Valencia, España: Pre-Textos, p.11.

[2] Ibid.

[3] Gordon, Bertram M. (1980). Collaborationism in France during the Second World War (Colaboracionismo en Francia durante la Segunda Guerra Mundial). Londres, Reino Unido: Cornell University Press, p. 256; Metton, Bertrand. (2015). From the Popular Front to the Eastern Front: Youth Movements, Travel, and Fascism in France (1930-1945) (Del Frente Popular al Frente del Este: Movimientos juveniles, viaje y fascismo en Francia (1930-1945)). Tesis doctoral. Universidad de Michigan, Ann Arbor, EE. UU., p. 73.

[4] Citado en Nadal, Emmanuel. (2003). Le versant de l’ombre: jeunesse, montagne et alpinisme chez Marc Augier (Saint-Loup) Une initiation politique (La pendiente de la sombra: juventud, montaña y montañismo en Marc Augier: Saint-Loup. Una iniciación política). Babel. Littératures plurieles, 8. Recuperado de: https://journals.openedition.org/babel/1316. Europe-Action fue una revista publicada por el historiador Dominique Venner de 1963 a 1966.

[5] Augier, Marc. (Febrero de 1938). S.O.S Village de France. Le Cri des Auberges, p. 5.

[6] Ibid., p. 7.

[7] Augier, Marc. (1941). Les copains de la belle étoile. París, Francia: Éditions Denoël, p. 165 y 168.

[8] Alphonse de Châteaubriant (1877-1951), ganador de dos de los galardones literarios más prestigiosos de Francia: el premio Goncourt en 1911 por su novela Monsieur des Lourdines (El señor de Lourdines) y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1923 por la novela La Brière (nombre de la región pantanosa al norte de la desembocadura del río Loira).

[9] Gordon, Bertram M. (1980). Ibid., p. 256.

[10] Sévilla, Nathalie. (2004). La Ligue de l’enseignement–Confédération générale des œuvres laïques (1919 – 1939) (La Liga de Educación–Confederación General de Obras Seculares (1919-1939)), Tesis doctoral. Instituto de Estudios Políticos de Grenoble, Grenoble, Francia, p. 638.

[11] Augier, Marc. (1940). Solstice en Laponie, Éditions du Contadour, 1940, fue reeditado en una edición revisada como Augier, Marc. (1944). Les skieurs de la nuit: un raid de ski-camping hibernal en Laponie finlandaise (Los esquiadores de la noche: una incursión de campamento de esquí invernal en la Laponia finlandesa). París, Francia: Éditions Stock. La mayoría de las citas a continuación corresponden a Les skieurs

[12] Augier, Marc. (1944). Ibid., p. 48.

[13] Ibid., p. 12.

[14] Ibid.

[15] Ibid., p. 165.

[16] Ibid., p. 12.

[17] Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. (2000/2002). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia (José Vázquez Pérez, trad.). (5ª edición). Valencia, España: Pre-Textos, p. 383. (Obra original publicada en 1980).

[18] Ibid., p. 15.

[19] Augier, Marc. (1944). Les skieurs de la nuit: un raid de ski-camping hibernal en Laponie finlandaise, p. 8.

[20] Augier, Marc. (1940). Solstice en Laponie. Francia: Éditions du Contadour, pp. 27-28.

[21] Evola, Julius. (2003). Meditaciones de las cumbres. (Joaquín Bochaca, trad.). Barcelona, España: Ediciones Nueva República, p. 66. (Obra original publicada en 1974).

[22] Ibid., p. 69.

[23] Ibid.

[24] Ibid., p. 70.

[25] Augier, Marc. (1941). Les copains de la belle étoile, p. 57.

[26] Ibid., p. 207.

[27] Ibid., p. 96.

[28] Saint-Loup. (1975). Alphonse de Châteaubriand, entre Jésus et Hitler (Alphonse de Châteaubriant, entre Jesús y Hitler), artículo publicado originalmente en Dumont, Jean. (1975). Les survivants de l’aventure hitlérienne. Tome 1 (Los sobrevivientes de la aventura hitleriana. Tomo 1). Ginebra, Suiza: Éditions Famot., reeditado en Augier, Marc. (1991). J’ai vu l’Allemagne (Yo vi a Alemania). París, Francia: Éditions du Flambeau, p. 49-50. (Obra original publicada en 1941. Esta reedición incluye dos artículos adicionales sobre Châteaubriant).

[29] Sérant, Paul. (2013). Romanticismo Fascista (Le romantisme fasciste: étude sur l’oeuvre politique de quelques écrivains français)(Ernesto Milà, trad.). Barcelona, España: Eminves, p. 21. (Obra original publicada en 1960).

[30] Ibid., p. 22.

[31] Extracto de Bagatelles pour un Massacre (Bagatelas para una masacre) (1937), citado en Sérant, Paul. (2013), p. 25.

[32] Extracto de L’École des Cadavres (La escuela de los cadáveres) (1938), citado en Sérant, Paul. (2013), p. 27.

[33] Augier, Marc (1940). Solstice en Laponie, p. 94.

[34] Un buen estudio casuístico sobre el tránsito de dirigentes políticos desde la izquierda al fascismo es Forti, Steven. (2014). El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras. Santiago de Compostela, España: Servizo de Publicacións e Intercambio Científico/Universidad de Santiago de Compostela.

[35] Augier, Marc. (1941). J’ai vu l’Allemagne. Printemps 1941 (Yo vi a Alemania. Primavera de 1941). Clermont-Ferrand, Francia: Sorlot, p. 58.

[36] Citado en Cera, Jean-François. (1992). Les raisons de l’engagement des volontaires français sous l’uniforme allemand (Juillet 1941-Mai 1945) (Las razones del compromiso de voluntarios franceses con uniforme alemán (julio de 1941-mayo de 1945)). Tesis de maestría. Universidad de Nice-Sophia-Antipolis, Niza, Francia, p. 29.

[37] Augier, Marc. (16 de febrero de 1941). Les ajistes et la formation des élites, Jeunesse, citado en Nadal, Emmanuel. (2003).

[38] Rees, Philip. (1991). Bibliographical Dictionary of the Extreme right Since 1890 (Diccionario bibliográfico de la extrema derecho desde 1890). Nueva York, EE. UU.: Simon & Schuster, p. 15.

[39] Augier, Marc. (1941). Les copains de la belle étoile. P. 82.

[40] Augier, Marc. (1941). J’ai vu l’Allemagne. Printemps 1941. P. 131.

[41] Augier, Marc. (24 de julio de 1941). Marchons au pas, camarades!, La Gerbe, citado en Nadal, Emmanuel (2003), ibid.

[42] Ibid. Para mayor información sobre la Escuela Nacional de Cuadros de Uriage, ver: Hellman, John. (1993). The Knight Monks of Vichy France. Uriage, 1940 – 1945 (Los Caballeros Monjes de la Francia de Vichy. Uriage, 1940 – 1945). Montreal, Canadá: McGill-Queen’s University Press.

[43] Bouysse, Grégory. (2018). Encyclopédie de l’Ordre Nouveau. Hors-série. Français sous l’uniforme Allemand Partie I: Officiers de la Waffen-SS (Enciclopedia del Nuevo Orden. Número especial. Franceses bajo el uniforme alemán. Parte I: Oficiales de la Waffen-SS). Lulu.com.

[44] Citado en Bene, Krysztián. (2012). La collaboration militaire française dans la Seconde Guerre mondiale (La colaboración militar francesa en la Segunda Guerra Mundial). Ploemeur, Francia: Éditions Codex, p. 70.

[45] Augier, Marc (1943). Les Partisans (Los partisanos). París, Francia: Éditions Denoël, p. 21.

[46] Augier, Marc. (junio de 1943). Ce siècle avait deux ans… (Este siglo tenía dos años…). Le combattant européen. Número 2. Citado en: Gordon, Bertram M. (1980). Ibid, p. 257.

[47] Gordon, Betram M. (1980). Ibid., p. 257.

[48] Bouysse, Grégory. (2018). Ibid.

[49] Saint-Loup. (1956). La noche comienza en el Cabo de Hornos (Jacobo Danke, trad.). Santiago, Chile: Empresa Editora Zig-Zag, p. 174. (Obra original publicada en 1952).

[50] Ibid., p. 179.

[51] Saint-Loup. (1986). La nuit commence au Cap Horn. París, Francia: Éditions Avalon.

[52] Introducción del autor a la reedición de su novela, Saint-Loup, (1986), ibid, p. ii.

[53] Mabire, Jean. (Noviembre de 1965). La nuit commence au Cap Horn. Europe-Action, 35. Recuperado de: http://www.centrostudilaruna.it/la–nuit–commence–au–cap–horn.html

[54] Ibid.

[55] Saint-Loup. (1986), ibid, p. iii.

[56] Ibid., p. i.

[57] Ibid., p. iv.

[58] Ibid., p. v.

[59] Mabire, Jean. (Noviembre de 1965), ibid.

[60] Ibid.

[61] Ibid.

[62] Patea, Viorica. (2020). Vintila Horia: el escándalo de un premio. En Horia Theohari, Cristina, et al, (Eds.). Vintila Horia: Homenaje en el centenario de su nacimiento. Alcalá de Henares, España: Universidad de Alcalá, Servicio de Publicaciones, p. 53.

[63] Sapiro, Gisèle. (2014). The French Writer’s War. 1940-1953 (La guerra de los escritores franceses. 1940-1953).  (Vanessa Doriot Anderson & Dorrit Cohn, trad.). Durham, EE. UU.: Duke University Press, pp. 439-490. (Obra original publicada en 1999).  

[64] Para un artículo detallado sobre el caso Handke, ver: Keller, César. (25 de octubre del 2019). The Nobel Prize in Literature and the Politics of Selective Outrage (El premio Nobel de Literatura y la política de indignación selectiva). The Occidental Observer. Recuperado de: https://www.theoccidentalobserver.net/2019/10/25/the–nobel–prize–in–literature–and–the–politics–of–selective–outrage

[65] Simon Wiesenthal Centre. (10 de septiembre del 2020). Wiesenthal Centre Slams Nobel Literature Prize Candidate Who as Reported Would Sully the Nobel Award as “A Prize for Hate!” (¡El Centro Wiesenthal critica a candidato al Premio Nobel de Literatura quien según se informó mancillaría al Premio Nobel como “un premio al odio!”). [Comunicado de prensa]. Recuperado de: http://www.wiesenthal.com/about/news/wiesenthal–centre–slams–nobel.html   

[66] Batalla que enfrentó a una coalición romana liderada por el general Flavio Aecio y el rey visigodo Teodorico I contra los hunos encabezados por Atila.

[67] Saint-Loup. (1986). Götterdämmerung. Recontre avec la bête. París, Francia: Art et Histoire d’Europe. (Obra original publicada en 1949).  

Títulos relacionados: