¿Y POR QUÉ NO? Por Jesús Orellana

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¿Y POR QUÉ NO? Por Jesús Orellana

Hace un breve tiempo, tuve la oportunidad de leer la obra del profesor Dr. Marcelo Gullo, académico argentino especializado en análisis internacional y geopolítica, titulada: “Insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las Naciones”; además, tuve el privilegio de entrevistarlo y sostener una conversación con él en el recién inaugurado programa “Conversaciones Intempestivas” conducido por quien suscribe.

Lo relevante de su teoría que, a mi juicio, no sólo hace pensar y salir de los paradigmas dogmáticos de la historia, sino que también despierta el alma de los que la han mantenido dormida, la mayor parte de su vida. Presenta inquietudes, en el sentido del llamado a la reflexión, basado en los hechos históricos que nos permiten entender el presente, pero que nos dejan planteados los problemas del futuro.

El Dr. Gullo parte de la tesis de que la Industrialización de los países no ha nacido de la mano del libre mercado, sino muy por el contrario, del impulso estatal y el proteccionismo. Con esto, y así lo afirma, la virtud de la industrialización no ha nacido de la mano mágica del mercado sino de la mano mágica de la buena política.

Para afirmar, sostener y probar su hipótesis recurre a la revisión de los hechos históricos, y nos lleva de tour de una manera dinámica y pedagógica a los procesos que se vivieron en los países bajos y la industrialización de la Gran Bretaña, y como este país logró de la mano del proteccionismo y el apoyo estatal ser el país más poderoso del mundo en ese momento. Y Gran Bretaña es quién mejor entiende que la Industria es Poder; por tanto, comienza su proceso de industrialización, pero de mano de sus universidades predica lo contrario, porque un país que tiende a la hegemonía es un país que no desea que el resto del orbe siga sus pasos, de lo contrario, podrían llegar a ser tan poderoso como lo es él. De ahí que el predicamento ideológico del libre mercado sea que la bondad está en la mano mágica del mercado y no en el estado o la buena política. De esta manera, el país no industrializado nunca podrá competir con el industrializado y eso mantiene el poder del primero con respecto al segundo.

Ahora bien, según nos muestra el Dr. Gullo hubo varias insubordinaciones a la ideología imperante, es decir, hubo actos de rebeldía en la historia de parte de países que no creyeron en el libre mercado como la posibilidad del desarrollo, o no quisieron estar bajo la sombra de Gran Bretaña y tuvieron su “Insubordinación Fundante”, este es el caso de las 13 colonias independientes de Gran Bretaña, hoy conocidas como los Estados Unidos, donde George Washington y Alexander Hamilton, entendieron que la Industria es poder, pero que para poder industrializarse no podían competir en libre mercado con la poderosa Inglaterra. De ahí que Hamilton en su discurso conocido como el “Informe sobre el estado de la manufactura”, interpreta que la Industria es análoga a tener un bebé, en el sentido de que el bebé cuando nace requiere cuidado, protección y nutrientes entregados por sus padres. Bueno, la Industria es el bebé que requiere cuidado, protección e inversión por parte de su padre, el Estado, hasta que llegue a su adolecia y posterior adultes y pueda enfrenar al mundo.

Además de Estados Unidos, hubo Insubordinación Fundante en Alemania y Japón, para citar algunos otros ejemplos. En el caso del primero, es curioso mencionar algunos aspectos, el primero, que culturalmente y socialmente no tiene relación la Alemania del 1835 con lo que hoy conocemos como simbolo de la disciplina y la pulcritud. A pesar de ello, cuando Alemania, por medio de las enseñanzas del ex liberal Friedrich List, comprendió al igual que Estados Unidos que la Industria es poder, y comenzaron su proceso por medio de la formación y enseñanza de métodos industriales, sin estar por ello ajeno a prácticas como la piratería, inclusive. Pero como dato anecdótico, pero no menos importante, es que cuando Alemania comienza su proceso de industrialización del ácero, por ejemplo, copiaron el modelo Británico, pero sus cuchillos que se parecían a los británicos, no cortaban como los británicos, y eran más costosos que los ingleses. Pues es evidente, que una industria naciente no compite en precios ni calidad con una industria madura o mucho más antigua. De ahí, que los ingleses solicitan a los alemanes usen en sus cuchillos la marca “made in Germany”, precisamente para que la gente pudiera diferenciar por calidad, los que eran de origen alemán y no los confudieran con los excelentes cuchillos británicos. Curioso resulta este hecho, porque hoy conocemos el “made in Germany” como marca de calidad reconicida a nivel mundial, claro, porque los alemanes motivados por Bismark, logran un sentimiento de unión nacional y un orgullo de querer ser una nación poderosa, y con eso su industria al paso del tiempo, logra lo que ha logrado. Además de todo este proceso, el profesor Gullo desafía a la versión clásica que dice que la industrialización viene de la mano de los protestantes, hechando por bajo esa narración, demuestra de manera muy fehaciente como en Alemania los Católicos son los que han llevana a cabo la industrialización. Caso similar, con sus diferencias y matices, es el que sigue Japón, de la mano de una fuerte inversión estatal en diferentes áreas de la industrialización, como el reconocido caso de Toyota. Por tanto, en ambos casos, no fue la mano mágica del mercado la impulsora del desarrollo sino un fuerte impulso estatal.

Con todo, cabe preguntar: qué paso con Chile. Pues es evidente que Chile optó, con los Chicago Boys mediante, por el camino de subordinarse a la ideología del libre mercado y descartar los procesos de industrialización nacional. A este respecto, es interesante la comparación que hace el Dr. Gullo con Corea del Sur, país que en la década de los 60` era miserable en terminos de pobreza. Sin embargo, a través de no subordinarse a la ideolgía del libre mercado, siguió el camino opuesto al de Chile, y hoy es cosa de mirar en dónde están ellos y nosotros, no sólo en el ámbito de la industria y la calidad de vida, sino también en la relevancia que jugamos ambos países en el escenario geopolítico.

En fin, además de invitarlos a leer el libro del Profesor Gullo, publicado en Chile por la Editorial ICP[1], es bueno alejarse de los dogmas que nublan la razón y nos mantienen con pies de plomo. La vida política no sólo se trata de la vida en comunidad, sino también de la capacidad de diálogo entre las partes, cosa que ha determinados sectores muy ligados a los números les cuesta por su reducido inventario de palabras, pero nunca es tarde para aprender. Así como tampoco es tarde para replantear, a propósito de la pandemia y el nuevo escenario hegemónico como condición de posibilidad, una industrialización de la Nación Chilena, por qué no.

[1] www.ignaciocarreraediciones.cl